¿Es todavía válida la definición de trabajador?

Nos recordaba Antoni Furió, en julio de 2013 en País Valencià, Siglo XXI, que afrontamos una sociedad de trabajadores sin trabajo. Repasa, el autor, desde los escritos de Hannah Arendt de 1958 hasta los de Ulrich Beck de 2013, pasando por las estadísticas de empleo, tanto en Europa como en España.

Sobra gente. O, mejor dicho, sobran trabajadores. Y si uno no tiene capital — porque es trabajador — y su trabajo no es necesario, la tragedia de la exclusión (primero económica, luego social) se hace prácticamente inevitable.

Prácticamente en el otro extremo del globo, en Minneapolis, John Moravec publicaba ese mismo año Knowmad Society. En el libro, él y sus coautores definen un trabajador (y cito bastante textualmente) creativo, innovador, motivado, sin miedo al fracaso, generador de nuevas ideas y conocimientos, que es capaz de solucionar diferentes problemas, que colabora con los demás, que comparte información, que crea redes, en constante evolución y aprendizaje, autodidacta, que utiliza intensivamente la tecnología y adopta las nuevas tendencias y usos.

El knowmad o nómada del conocimiento es el perfil del trabajador del futuro. O del presente.

Es evidente que, además de los 8.000 kilómetros que separan Minneapolis de Valencia, hay otra distancia, esta conceptual, entre ambas percepciones de lo que es un trabajador: por un lado, el pesimismo de un trabajador que se sabe de más, que tiene unas habilidades que ya no son demandadas por la sociedad (o por la economía, no necesariamente lo mismo); por otra, el exaltado optimismo de un trabajador que, a menudo, no se acaba el trabajo, (cree que) puede decir que no, se le valora y se le tiene como modelo.

De hecho, el modelo que dibuja Moravec no se ajusta en absoluto al modelo de Furió. Pero no se ajusta en cuestión de expectativas, sino en su misma construcción: mientras el modelo de Furió es un modelo de trabajador de la sociedad industrial, dependiente de un capitalista que posee los medios de producción, el knowmad de John Moravec es un modelo de trabajador de la sociedad del conocimiento, donde el capital a duras penas se reduce a un ordenador, tableta o móvil de unos pocos cientos de euros y una conexión a Internet — que incluso puede ser gratuita.

¿Cuál es el modelo bueno? ¿Quiere decir esto que todos deberíamos transitar hacia el modelo ciberoptimista de la sociedad de la información? ¿Quiere decir que debemos abandonar el sector primario y la industria?

Mucho me guardaré yo de decir qué hacer: bastante complicadas están las cosas como para contribuir a empeorarlas.

Sin embargo, sí creo que, entre ambos extremos, hay espacio para hacerse preguntas en mi opinión relevantes.

La primera, de hecho, ya ha sido hecha, y es si todavía es válida la definición de trabajador en oposición a la definición de capitalista. Si la figura del autónomo ya nos había hecho saltar las alarmas, estos trabajadores del conocimiento que les basta con escasas inversiones de unos pocos cientos de euros deberían hacer (re)pensar si son, como la definición canónica dictaría, unos capitalistas. Autónomos, falsos autónomos, profesionales liberales, freelancers, trabajadores del conocimiento, consultores. ¿En qué cajón caen estos… trabajadores? ¿Qué derechos tienen como tales? ¿Qué forma de hacer defensa colectiva de sus intereses?

Si la primera es cualitativa, la segunda es cuantitativa: en España ya prácticamente un 65% de los asalariados lo son en el sector servicios. Un sector que, también de forma creciente, es intensivo en conocimiento, en gestión de la información, que escala muy bien en algunos subsectores, que tiene (de nuevo en algunos subsectores) verdaderos crecimientos de productividad y competitividad. Y un sector que se basa, a menudo, en reinterpretar contextos, en aplicar soluciones que no existen y deben crearse de nuevo. Y la pregunta es: ¿Cuántos trabajadores caben aquí? ¿Cabrán todos?

Qué es un trabajador y cuántos trabajadores necesita una sociedad.

Para ayudar a responder, tomemos como un hecho que la única forma de inventarse nuevas soluciones es aprender. Y que estadísticamente sabemos que quien más sabe más se forma, y por lo tanto aprende más, y tiene más opciones de trabajar en lugares donde seguirá pudiendo formarse.

La divisoria que plantean, cada uno por su parte, Furió y Moravec no es sino la divisoria de quién forma parte de este ciclo virtuoso de formarse, ser competente, tener trabajo, seguir formándose en él, ganar nuevas competencias, etc. y de quién cae del ciclo, bien porque sus competencias, de repente, han resultado irrelevantes, bien porque nunca precisaron una actualización… hasta que cayeron en la irrelevancia — el ciclo vicioso, simétrico al anterior.

Cruzamos definiciones y datos y encontramos el trabajador mal pagado o prescincible, por irrelevante, por automatizado, que depende de un capital; y encontramos al trabajador mejor pagado porque aporta valor, por competente, porque ha aprendido a aprender.

Es en la transición de una definición a otra, en la transición de un modelo a otro que muchos se están dejando la piel. Muchos de ellos sin tener arte ni parte. Porque no sólo ha sido cosa del trabajador: la demanda de trabajo tampoco ha sabido qué hacer con él. Ni los unos, ni los otros. Porque, el capital, el emprendedor, también pide a gritos una redefinición.

Entrada originalmente publicada el 30 de julio de 2014, bajo el título És encara vàlida la definició de treballador? en la Revista Treball. Todos los artículos publicados en esa revista pueden consultarse allí en catalán o aquí en castellano.

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3 Comments a “¿Es todavía válida la definición de trabajador?” »

  1. Hola Ismael,

    planteas la disyuntiva en un eje, del moderno knowmad basado en aprendizaje y la creatividad al anticuado asalariado industrial basado en la repetición y la obediencia cuando no el temor.

    Imagina por un momento que introducimos un eje vertical con el grado de automatización. En un extremo (abajo, por peyorativo) cero automatización. En el otro, ordenadores, big data, nuestro REEMs y Roombas de turno.

    Los trabajadores industriales se ven amenzadados por robots humanoides o con movilidad. Los knowmads se creen a salvo porque son paradigma de trabajos creativos no aptos para test de turing.

    Sería interesante explorar cómo queda ahora el panorama en esta escala bidimensional. Lo que antes hacía una señora (o señor) de limpieza, una tarea industrial, ahora lo puede hacer un roomba. ¿Es el nuevo asalariado este robot? ¿Es un caso de trabajador que aprende a aprender -si se le dota de suficientes mecanismos- o de sumisión industrial mal pagada? ¿Puede trabajar por temor a quedarse sin batería por ejemplo?

    ¿Y más allá de Roomba, qué me dices del nuevo Jibo de mi querida Cynthia Breazeal que por fin se ha lanzado al mundo de los negocios? ¿Dónde queda el asistente o la asistente personal, o la secretaria de turno?

    Algo freaky el comentario, pero dentro de unos años tendremos que releerlo.

    • Se me escapan las cuestiones relatvas a los derechos “humanos” del trabajador robot. Probablemente podremos posponer ese debate hasta… la Singularidad!?

      Sí veo más inminente la cuestión de cómo va a cambiar la definición de trabajo poco cualificado a medida que los ordenadores sean capaces de aprender a aprender. Y cómo el rango de tareas que ahora estaban seguras contra el ataque de los robots podrían pasar a no estarlo en breve. Por ejemplo la enseñanza misma, en cuanto pongamos algo de inteligencia artificial a estrategias de learning analytics para la explotación de big data proveniente de formación en línea y/o multimedia.

      • Tendremos que desarrollar pronto una carta de competencias esférica que incorpore tres vectores o restricciones: humano, tecnológica y energético. Entre los tres vectores tendremos que poden llenar todos los puntos de la esfera que es resolver un problema.

        Por ejemplo, la polinización que explicaba en este otro post (no es que me venda, pero es que llevo ya unos cuantos…). Tres métodos para atajar el problema de las abejas, uno manual (vector humano máx, tec y energía mínima), uno de baja tecnología, humano distribuido OS y baja energía y uno de alta tecnología y energía como son las abejas robot.

        http://perelosantos.eu/2014/01/01/monsanto-y-abejas-robot-el-lado-oscuro-de-la-innovacion/

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Sobre Mí

    Soy Ismael Peña-López.

    Soy profesor de los Estudios de Derecho y de Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya, e investigador en el Internet Interdisciplinary Institute y el eLearn Center de la misma. También dirijo el proyecto de Innovación Abierta de la Fundació Jaume Bofill.