Línea de tiempo del 15M

A raíz de las últimas entradas sobre el movimiento del 15M, necesitaba hacerme un mapa mental sobre los eventos acaecidos durante y alrededor de las protestas cuyo epicentro fue el 15 de mayo de 2011. El Mapa conceptual de la acampadasol es un excelente punto de partida, pero necesitaba algo un poco más acotado y, sobre todo, basado en la cronología de los eventos y no tanto en los conceptos.

A continuación presento mi línea de tiempo del 15M, con los que de forma personal y subjetiva considero que son los principales eventos relacionados con las propuestas relacionadas con la calidad democrática en España alrededor de ese 15 de mayo de 2011.

Esta cronología del 15M empieza, por ahora, con las manifestaciones contra el Banco Mundial en Barcelona del 23 al 27 de junio de 2001 en motivo de la intención de celebrar allí Annual World Bank Conference on Development Economics. Por ahora también, la línea de tiempo cierra con la fecha para las elecciones generales en España el 20 de noviembre de 2011.

Es, como he dicho, una selección parcial. Invito a quien crea que hay alguna omisión imperdonable a sugerir la inclusión en los comentarios. No obstante, el criterio que se ha seguido hasta ahora no ha sido el de la exhaustividad y el detalle, sino el de la relevancia.

La línea de navegación (en naranja) superior permite moverse a través de los años mientras la inferior — más rápida — lo hace a través de las décadas. Las dos líneas de tiempo propiamente dichas (en gris) recogen, respectivamente, los eventos sucedidos en España (arriba) y en el mundo (abajo).

La clave de colores es la que aparece a continuación. Vale la pena indicar que es discutible etiquetar algunos manifiestos (especialmente el de #nolesvotes) como tales, ya que se parecen más a una (ciber)manifestación que no a un escrito. Por ahora, no obstante, la categorización queda así:

  • Verde: manifiestos, escritos, publicaciones.
  • Rojo: manifestaciones, protestas, concentraciones.
  • Azul: (otros) acontecimientos políticos.

Pedro Jiménez tiene una interesante entrada — ¿La revolución será radiada? Carne Cruda y el #15M — donde repasa el 15M a la luz del programa de Radio3 Carne Cruda. En esa entrada enlaza a una más que ilustrativa cronología del periódico Diagonal () sobre el antes, durante y después del 15M.

Más información

Todo lo que tengo recogido sobre el 15M puede encontrarse en el tag 15M de mi cuenta de Delicious.

Todo lo que tengo escrito sobre el 15M puede encontrarse en mitag 15M de SociedadRed.

Agradecimientos

Gracias a quienes han contribuido a mover mi llamada a sugerir fechas clave alrededor del 15M. Y especialmente a @martaestella, @fortuny, @pablonavajo, @santespasques, Ricard Espelt y @pedrojimenez por sus interesantes propuestas.

Abandonar las plazas, tomar las ágoras

La primera cosa que toda política debe hacer es, precisamente, ser, o mejor dicho, estar: estar en la agenda, la agenda política, la agenda de los medios, la agenda de la opinión pública.

Normalmente el orden o el sentido debería ser el opuesto: la necesidad de crear una política debería emanar de la ciudadanía y, a través de los medios y de los cargos electos, acabar en la mesa de los gobiernos, quienes deberían diseñarla, aprobarla y administrarla. Durante muchos años, y con pocas excepciones, la dinámica, no obstante, ha sido la que va de arriba abajo: el gobierno propone, y el ciudadano no dispone.

La ocupación de las plazas alrededor del movimiento del 15m era, en mi opinión, un golpe de efecto necesario para que la fijación de los temas que entran en la agenda política volviese a su orden natural: las condiciones para una democracia mejor están dadas y se pide que se inicie el debate sobre cómo llevar a la práctica esa mejor democracia.

No obstante, que en un momento fuese posible articular una protesta a nivel de todo el estado de forma descentralizada y «fuera del sistema», desde mi punto de vista, no significa que las propuestas no deban canalizarse «dentro del sistema», especialmente a través de aquellos políticos que trabajan para que nuestro sistema democrático funcione lo mejor que sea posible.

¿Hay que abandonar, pues, las plazas?

Depende.

Creo que muchas de las acciones de protesta programadas para el futuro inmediato son determinantes para mantener el foco de la opinión pública en la necesidad de reformar la democracia. Considero legítimas todas las medidas de presión (ciudadana, democrática) que velen porque no se caiga de la agenda pública aquello que uno pretende mantener en ella, en este caso, la demanda de un mayor y mejor ejercicio de la democracia.

Por contradictorio que parezca, no obstante, también opino que los asentamientos en — que no acampadas en o tomas de — las plazas es bueno que se desmantelen.

Pasada la fase de (en sentido positivo) llamar la atención sobre un problema y hacer partícipes de él a toda la ciudadanía, las plazas se habían convertido ahora ya no en espacios de protesta, sino en espacios de deliberación y toma de decisiones, algo para lo que, en mi opinión, ni estaban preparadas ni parecía que pudiesen ser el mejor instrumento para hacerlo.

Mi propuesta sería abandonar las plazas, las plazas físicas, para tomar las ágoras, esos espacios no necesariamente geográficos donde la ciudadanía intercambia información, delibera, negocia y, en última instancia, toma decisiones colectivas. Algunas de esas plazas son también físicas — plenos municipales, sedes de los partidos políticos, medios de comunicación — y otras muchas virtuales — páginas web de las plataformas, blogs y twitter de cargos electos y ciudadanos en general.

Si todo poder conlleva una gran responsabilidad, el derecho a participar conlleva el deber de hacerlo activamente. Y hay mil formas de hacerlo. Que cada uno escoja la que más le convenga.

La sala de prensa global: del Pásalo al #bcnsinmiedo

Una de las preguntas recurrentes durante los primeros días en las acampadas (yo la viví personalmente en la Puerta del Sol, pero supongo que se dio en todas ellas) era dónde estaba la sala de prensa o cuándo se convocaba la rueda de prensa. Esta pregunta, hecha por muchos medios que acudían a las plazas, era la misma que se hacían transeúntes curiosos o gente que se desplazaban ex profeso a las concentraciones para informarse.

Aunque después sí se han ido creando comisiones de comunicación, así como identificando portavoces, la respuesta por norma general era que ni había sala de prensa ni, por supuesto, habría rueda. O las había a centenares: era cuestión de acercarse a alguien y preguntar, tanto offline como online. La rueda de prensa era distribuida, global y en tiempo real, y se daba en la sala de prensa que conocemos como Internet.

Se dice que la guerra de Vietnam fue la primera en vivirse desde el sofá: la televisión hacía llegar a todos y cada uno de los hogares norteamericanos — y, por extensión, a muchísimos otros más — las imágenes de la contienda, muchas de ellas complementando y a menudo contradiciendo lo que el gobierno transmitía a sus ciudadanos como crónica de la realidad. No en vano, muchos atribuyen a la televisión un papel determinante en el crecimiento de los movimientos anti belicistas de las décadas de 1960 y 1970.

En España hemos vivido en primera persona — por suerte o por desgracia — el desfase entre la aparición y apropiación de los nuevos medios de comunicación por parte de la ciudadanía, y las inercias y poca flexibilidad de las instituciones políticas: la gestión informativa que desde el Ministerio del Interior hizo el ministro Ángel Acebes sobre los atentados en Madrid del 11 de marzo de 2004, y la gestión informativa que desde la Conselleria d’Interior hizo el conseller Felip Puig sobre la carga policial en Barcelona el 27 de mayo de 2011.

11 de marzo de 2004 y el «¡Pásalo!»

Entre los atentados del 11m en Madrid y las elecciones que tuvieron lugar tres días después, el gobierno literalmente secuestró informativamente a los medios de comunicación españoles: mantuvo en el ayuno informativo a los medios a la vez que los conminaba a ejercer la autocensura. Al margen de los posteriores (y eternizados) debates y juicios sobre la autoría de los hechos, lo que es incontestable es que el gobierno trató de imponer su punto de vista a toda costa y sin contestación.

Los ciudadanos tuvieron que burlar las barreras informativas y lo hicieron acudiendo a las fuentes digitales de otros medios, en su mayoría extranjeros. En un mundo digital, la información no tiene puertas y así se demostró cuando los ciudadanos accedieron online a docenas de medios internacionales para quienes las órdenes del gobierno español no tenían ningún tipo de poder. Mientras el gobierno creía controlar la imprenta, Internet ganaba la partida.

La indignación al comparar las dos versiones terminó en una convocatoria basada en el envío masivo de SMS urgiendo a manifestarse contra el gobierno de la nación. Los mensajes, a su vez, invitaban al receptor a formar parte de la red informativa ciudadana: ¡Pásalo!.

27 de mayo de 2011 y el #bcnsinmiedo

Tras 10 días de acampada, y a las puertas de una posible celebración futbolística, el conseller de Interior catalán decide que hay que limpiar la Plaza de Catalunya en Barcelona, donde se ubican los acampados de la ciudad y dejar fuera del alcance de los futuribles celebrantes objetos con los que puedan dañarse (o dañar a otros).

La operación de limpieza termina en una durísima carga de los cuerpos de seguridad contra la resistencia pacífica de los acampados, transeúntes y, en varios casos, medios de comunicación.

El discurso oficial, primero por un portavoz de la policía autonómica y más tarde por el propio conseller de Interior del gobierno de la Generalitat, es que no ha habido carga alguna, sino desalojo, y solamente ha habido violencia en respuesta a la violencia.

Si durante los días del 11 al 13 de marzo de 2004 la ciudadanía se volcó a aquella web 1.0 de las páginas oficiales de los medios internacionales, el 27 de mayo de 2011 la ciudadanía se vuelca a la web 2.0, y se vuelca no solamente para consultar, sino para compartir información textual, fotografía y vídeo tomados en primerísima persona en la plaza mediante dispositivos móviles.

La yuxtaposición de las declaraciones oficiales con los miles de contenidos multimedia generados en tiempo real, sin editar, sin filtrar, subidos y automáticamente publicados en la red — y agrupados bajo el hashtag #acampadabcn o #bcnsinmiedo — demuestra de forma rotunda la dificultad de mantener medias verdades ante una ciudadanía informada.

Una reflexión sobre los medios

Desde que el periodismo es periodismo, el papel de los medios de comunicación se ha basado en (1) obtener información de las fuentes, (2) editarla, incluyendo escoger la parte del todo y hacerla más comprensible y (3) difundirla.

En estos últimos años se ha hecho posible que cualquier persona, desde cualquier sitio, y prácticamente sin coste, genere información de cualquier tipo y en cualquier formato y la difunda a la globalidad del planeta.

Mientras muchos se lamentan sobre el fin del periodismo, o se alargan en el intrascendente decidir si un blog es periodismo, periodismo ciudadano, o todo lo contrario, no se dan cuenta que muchos medios están abandonando — o lo han hecho ya — lo que en el fondo es o (en mi opinión) debería ser el principal papel del Cuarto Poder: poner orden en el caos, añadir criterio, buscar contexto y, en definitiva, convertir el dato en información. Al fin y al cabo, blogs y redes sociales en general han venido a confirmar lo que las agencias de comunicación ya habían puesto de manifiesto: muchos medios hace años que solamente se hacían eco de la nota de prensa, pasando de ser periodistas a meros voceros.

En lo que llevamos de año, Al-Jazeera y su cobertura de las protestas en Túnez y Egipto ha demostrado que hay otra forma de hacer periodismo, no compitiendo sino sumándose al poder de una ciudadanía que ya no solamente consume sino que informa.

Ante el aluvión de información, el periodista debe darle sentido. Ese es su papel. A veces, no hace falta añadir mucho más.

De qué puede morir el 15m o por qué no existen (todavía) las wikirrevoluciones

En una interesante entrada, 15M vs Wikipedia, César Córcoles apunta a las similitudes y diferencias entre el movimiento del 15m y la Wikipedia, listando entre las principales diferencias la meritocracia y la escalabilidad. Me gustaría ahondar en el tema y cuestionar seriamente el concepto de Manuel Castells de wikirrevolución.

Empezaré por el titular: el movimiento 15m es, por ahora, una protesta y no una revolución y, en cualquier caso, se parece más a una fororrevolución que a una wikirrevolución. Y, sin ánimo de comparar (en absoluto) los fundamentos y motivos de ambos movimientos, estructuralmente se parece más a Al-Qaeda — distribuido, celular, nodal, conectado — que a un wiki o cualquier otra estructura de red similar.

Lo que la red te lo da, la red te lo quita

La organización del impulso inicial del movimiento 15m fue impecable, y fue posible porque se apoyó en Internet y en una estructura de red que permitió crecer rápido y de forma descentralizada. El mensaje era sencillo, fácil de apropiar por unidades celulares distribuidas y de replicar con solamente mantener un cierto contacto entre las células. Así se extendió Al-Qaeda y justamente por el motivo contrario, por necesitar siempre de una cabeza, es uno de los motivos por los que ETA se ha debilitado más y más en los últimos años (entre otros motivos, por supuesto).

Sin embargo, tras ese crecimiento exponencial viene la consiguiente consolidación de la red. La experiencia nos dice (Raymond, Benkler, Himanen) que es necesario poder desmenuzar las tareas en pedacitos pequeños para que el trabajo en red sea posible, para que los costes de transacción o de negociación caigan a (casi) cero, para que sea posible después re-ensamblar y terminar con un producto común.

Esto, además, debe realizarse en base a unos protocolos (explícitos o tácitos) adoptados por todos los participantes de forma que ese ensamblaje sea posible, protocolos que se han generado de forma emergente dentro de la misma red.

Todos funcionamos autónomamente y cada uno ensambla su aportación al todo de forma independiente al trabajo de los demás.

Si hay algo poco autónomo e independiente es una asamblea. Y si hay algo poco emergente y modular es un manifiesto. El 15m no es una wikirrevolución porque carece de esa estructura descentralizada (plural u horizontal no es lo mismo que descentralizado), atomizada, autónoma (pero conectada) típica de la estructura de red.

En el fondo, Túnez o Egipto también se gestaron como red, pero en su evolución a futuro son todo menos reticulares o distribuidas.

¿Existen las wikirrevoluciones? o la ausencia del dictador benevolente

En mi opinión no existen las wikirrevoluciones… o dejan de existir en cuanto se apaga la última llama de la última pira. Creo que hay wikiprotestas o wikirrevueltas, que por definición no son propositivas sino reactivas, pero todavía no hemos visto la parte wiki en la fase constructiva de las revoluciones, que por definición proponen un sistema en alternancia al vigente.

Si algo caracteriza una red creada alrededor de la construcción de un proyecto es la meritocracia, es decir, premiar al que más sabe. Meritocracia que culmina en la aparición de un «dictador benevolente», legitimado por su trabajo y aupado por el reconocimiento de sus pares.

Por algún extraño motivo, buscamos un médico para detener una hemorragia o un fontanero para arreglar una fuga de agua, pero huimos de los profesionales de las ciencias sociales a la hora de hacer propuestas económicas o sobre la democracia. Con ello, borramos de un plumazo 300 años de democracias y economía modernas y empezamos a reinventar la rueda de cero. Es tan cierto que las ciencias sociales raramente saben predecir qué funcionará en el futuro, como certeras se muestran en explicar qué funcionó mal en el pasado.

En el límite, si se quiere prescindir de estos «expertos» (palabra que ha tomado en los últimos años connotaciones negativísimas), lo mínimo que se puede pedir al que quiere decidir por sí mismo es una decisión fundamentada. El voto es tanto un derecho como una obligación es el voto informado: vivir en democracia es, también, una responsabilidad.

Una primera opción para hacer avanzar, pues, el movimiento 15m hacia una estructura de red — aprovechando el impulso y espíritu que la vio nacer — capaz de generar movimiento (y el movimiento es no solamente impulso, sino impulso en una dirección y sentido) es generar, poco a poco, y de forma consensuada, una estructura meritocrática donde se premie el esfuerzo y el conocimiento de sus nodos. Es tan cierto que una red es una estructura no jerárquica como cierto que los nodos son tan importantes como su contribución a la red misma.

Pero este no es el camino que parece estar tomando el movimiento 15m, que, a mi entender, se está escindiendo en dos polos opuestos, tal y como quise describir en mi Perfil político en España tras el 22M.

¿Dónde o cómo podría funcionar una wikirrevolución del 15m?

La segunda opción es la que también quise explicar en Una única propuesta para una democracia mejor, propuesta que puede analizarse según una lógica de red tal y como se ha hecho hasta ahora.

Ante la ausencia de un proyecto centralizado basado en una estructura descentralizada, solamente caben proyectos también descentralizados: trabajar dentro de los partidos, de distintas formas, para hacer converger sus programas en ejes comunes que puedan dirimirse dentro del actual sistema democrático. Así, lo que se mantiene unido es la filosofía («más y mejor democracia») aunque los proyectos sean distintos.

En mi opinión, la red ha demostrado que es capaz de organizarse para poner en común una filosofía, unas ideas, un sentir, mientras que parece estar fracasando a la hora de trasladar esas ideas en la práctica. Sería beneficioso, creo, abandonar pues la elaboración de un único programa, y más ante la ausencia de estructuras internas que premien las contribuciones, y reorientar esa red que funcionó hacia lo que la hizo funcionar y donde se mostró eficaz y eficiente: «más y mejor democracia».

Y que cada uno lo haga dónde y cómo quiera, dentro o fuera de las asambleas, dentro o fuera de los partidos. Creo que hay que capitalizar el movimiento en esa línea, so pena de perder todo lo conseguido hasta ahora.

Una única propuesta para una democracia mejor

Me debato, supongo que como muchos otros, en qué debe quedar todo el movimiento del 15m, si en solamente una protesta sin propuestas, un conjunto de propuestas de mínimos o bien un conjunto de propuestas rayano a lo maximalista.

En mi opinión, ninguna de las anteriores: una única propuesta basada en el único punto en común entre todos los que se han manifestado: mejorar la democracia; y una única propuesta, además, basada en lo que es ahora posible en contraposición con lo que ahora tenemos, de la misma forma que ha sido ahora posible organizar una protesta de forma descentralizada y en red cuando antes costes y barreras lo impedían: la Sociedad de la Información.

Si algo tiene que salir de las protestas del 15m — y creo que sería una lástima que no saliese nada más que la constatación de un amplio y profundo descontento — debería ir en la línea de obtener el compromiso de los partidos de trabajar en una Ley de actualización del ejercicio de la democracia en la Sociedad de la Información durante la X legislatura de España. El nombre pretende ser únicamente descriptivo, aunque ya tenemos leyes con nombre parecido, como la Ley de Acceso Electrónico de los Ciudadanos a los Servicios Públicos (LAECSP) o Ley 11/2007.

Actualización porque entiendo que lo que ha echado a la gente a la calle no es un cambio de sistema, sino poner al día el que tenemos a base de pulir las aristas que le han ido saliendo. En la Sociedad de la Información porque, después de analizar a fondo las posibilidades, son precisamente las nuevas herramientas que ahora tenemos las que nos permiten plantearnos dicha actualización.

Así pues, lo que se podría pedir a partidos y gobernantes, vehementemente, con legitimidad y consenso, de ahora en adelante y hasta las próximas elecciones legislativas, es la inclusión en todos y cada uno de los programas electorales de la propuesta de trabajar en dicha Ley de actualización del ejercicio de la democracia en la Sociedad de la Información.

Esta petición no debería tener, a mi entender, un formato cerrado, es decir, un texto específico y explícito del contenido de dicha Ley, sino, insisto, el compromiso de debatir cómo hacer mejor el ejercicio de la democracia, en general, y algunos focos específicos donde las mejoras son más plausibles. Pero, una vez más, apuntar los focos, no las soluciones concretas.

Si lo que queremos mejorar es la democracia, parece lógico centrar nuestras propuestas en el procedimiento y fundamento del ejercicio democrático. Me permito a continuación apuntar una suerte de procedimiento y qué se podría proponer en función de lo dicho hasta ahora. Para ejemplificar, en lugar de pedir democracia directa (y punto) creo que es más prudente pedir mejorar los procesos de participación ciudadana, que puede ser democracia directa en algunos casos, deliberativa en otros, representativa (como hasta ahora) en el resto, etc.

  1. Información: necesitamos estar más y mejor informados para poder ejercer nuestros derechos democráticos en igualdad de condiciones. La transparencia es fundamental, y la digitalización de archivos y comunicaciones hacen posible que podamos estar más y mejor informados, especialmente a través de instrumentos tan valiosos como los que proponen las iniciativas de datos abiertos o gobierno abierto. Aportar toda la información no es más caro si se incorpora en el diseño organizacional de las instituciones. Toda la información debe ser pública y manipulable tanto manual como automáticamente.
  2. Deliberación y argumentación: Las nuevas tecnologías hacen más fácil y barato (con independencia del tipo de recurso que se considere: tiempo, dinero…) poner en común ideas, opiniones, puntos de vista. Ello incluye no solamente las relaciones horizontales (entre ciudadanos, entre instituciones) sino verticales: ciudadanos con instituciones. Necesitamos espacios de encuentro donde confluyan información con necesidades y, fruto de la reflexión, den como resultado propuestas concretas. Espacios web de las instituciones, redes sociales, (nuevamente) gobierno abierto, política 2.0, democracia 2.0… son conceptos y herramientas que pueden contribuir a mejorar la práctica de la deliberación de forma sustancial.
  3. Formación, debate y negociación de preferencias: Hechas las propuestas, cada uno debe escoger su opción. Y ver a qué beneficios y qué costes y renuncias supone la elección. La elección final no tiene por qué coincidir con la propuesta inicial. Debe ser posible generar espacios que faciliten y catalicen la generación de consenso. Herramientas de trabajo colaborativo, de dinámicas de personas, de gestión de proyectos se han puesto en marcha en muchos ámbitos con éxitos notables. Ahora mismo, junto con la deliberación, la negociación es el estadio más desatendido de la democracia, cuando debería ser posible hacerlo participativo (o, al menos, participado), público, abierto, transparente.
  4. Explicitación de preferencias y sufragio: Hay muchas formas de votar y muchos cuándos donde hacerlo. Los prohibitivos costes de elecciones y referenda hacen que por ahora se celebren cada cuatro años o solamente cuando la ocasión es de trascendental importancia. Esos costes se han reducido, en lo instrumental, a cero, y solamente quedan los costes humanos que cualquier ejercicio democrático requiere: informarse, deliberar, negociar… Es necesario repensar el ritmo de la democracia, diseñar nuevos procesos donde la participación directa o representada se alternen según necesidades, importancia y coste.
  5. Rendición de cuentas: Para cerrar el círculo, es imprescindible realizar la evaluación de impacto de las políticas públicas, así como la eficiencia y eficacia de nuestros gestores. Como en el caso de la información, la rendición de cuentas se basa en la información abierta y, sobre todo, en la posibilidad de actuar con prontitud y a menudo en tiempo real según sean los datos. Así pues, deben mejorar no solamente los procesos informativos sino los procesos de toma de decisiones, de redefinición de políticas y, por supuesto, de recompensa o castigo a las malas gestiones.

Esta es una propuesta de mínimos. Más conceptual que concreta. Y, precisamente por su imprecisión, debería ser posible ser adoptada como propuesta de trabajo (no propuesta finalista) que llevar a las elecciones de la próxima legislatura, para que en ella, y por cargos electos legitimados, se pudiese llegar a un sólido consenso de mejora de la democracia.

Políticos: ¡Indignaos!

¿Qué es un político?

Se hace difícil definir a un político de una forma menos vaga que «aquel que se interesa por las cuestiones de la polis«, definición en la que cabemos (casi) todos.

Podemos definir al político como «aquel que se gana el sueldo trabajando en política» o bien «aquel que es elegido para actuar en representación de sus conciudadanos en una institución, ejecutiva o legislativa». La segunda definición deja fuera muchos cargos que, sin ser electos, se ganan la vida haciendo política (p.ej. un ministro que no iba en las listas); la primera definición deja fuera muchos cargos electos cuya principal ocupación es su profesión de toda la vida (p.ej. un maestro que es el alcalde de un pequeño pueblo).

Además, tras estas cabezas visibles están muchas otras personas anónimas que «trabajan» en política, que ayudan a estos en su día a día, a llegar donde están, a hacerlo lo mejor que puedan. Definamos político como aquel que cree y participa activamente en el partido como principal instrumento de gestión de la cosa pública, siendo un partido la institución que escoge los candidatos a unas elecciones.

He conocido a muchos políticos que se ajustan a esta definición, desde personas prácticamente anónimas dentro del partido sin más aspiraciones que contribuir con su granito de arena, hasta cargos con buen sueldo y responsabilidades sobre decisiones y presupuestos de magnitudes impactantes, pasando por eternos candidatos a diputado o concejal que jamás saldrán de ese limbo político.

La mayoría de ellos eran personas cualesquiera, con plena confianza en la democracia representativa, en los proyectos compartidos, en arrimar el hombro, en construir ideas, en debatir sobre las ideas y las ideologías, en intentar encontrar soluciones a los problemas de la mayoría y de las minorías.

Para la mayoría de políticos que he conocido el partido era el medio para sumar esfuerzos e intentar poner en marcha un programa de ideas (otros hemos buscado y a veces encontrado formas alternativas de hacer eso mismo). Se daba forma al programa, se hacía público y se buscaban resonancias entre los conciudadanos. Si las había, se ponía en marcha. Si no las había, o bien se insistía en las bondades del mismo o bien, y sencillamente, se abandonaba: el equivocado debo ser yo.

No obstante, para una minoría, el partido se ha convertido en el fin. La ideología y el programa no son endógenos, no nacen de dentro, fruto de las propias convicciones y (sobre todo) reflexiones internas, sino que es externo, adaptable en extremo y viene dado por oleadas de circunstancias. La ideología se aparca al servicio de la comunicación y la mercadotecnia. El programa no se propone, se construye según la reacción del vendedor de votos. Así, se acaba defendiendo un programa que va contra las ideas de uno.

De alguna forma, arcana e incomprensible para el ajeno, los segundos han conseguido imponerse sobre los primeros. La política de los votos se ha impuesto a la política de las ideas en los partidos, es decir, la política de (presuntamente) unos pocos se impone sobre la de (presuntamente) unos muchos.

Es incomprensible no porque no responda a una lógica racional (ganar unos votos para ganar un puesto), sino porque no parece responder a los deseos de la mayoría que aúpa a esa minoría hacia esa lógica mercantilista de la democracia.

Políticos: ¡indignaos!

Si, como afirmáis, «no todos somos así», indignaos por ser cosificados, manipulados y utilizados por vuestros propios compañeros. Indignaos por ver alteradas, transformadas y deformadas vuestras ideas — y, con ellas, vuestras identidades.

Los que somos ajenos a la dinámica interna de los partidos no comprendemos los extraños vasallajes que parecen darse en su seno. «No todos somos así» y sin embargo se toleran y se encumbran algunas medianías intelectuales o morales que mercadean con la ética y las ideas. «Son las cuotas»: ¿qué cuotas, las de la mediocridad? ¡¡Indignaos!!

Políticos: ¡rebelaos!

Rebelaos contra la lentitud de la justicia, que mantiene en vuestras listas la lacra de los corruptos y el estigma sobre los inocentes. Rebelaos contra el ignorante, contra el incompetente, contra el populista, contra el cínico que hace de vosotros unas espaldas sobre las que descargar la construcción de su carrera personal. Rebelaos contra el fanático, contra el obcecado, contra el sectario que ensordece con la suyas vuestras palabras y obstruye vuestros oídos. Rebelaos contra los medios que tergiversan vuestras ideas y rebelaos contra quienes os privan de dialogar con los mismos.

Retomad, por favor, vuestro papel central en democracia. Legitimad vuestro papel de vertebración del diálogo, vuestro papel de representación, vuestro papel de gestores eficientes y eficaces, vuestro papel de legisladores informados.

Indignaos y rebelaos porque el resto, el resto no es política.