La abstención como catalizador del tercer eje político

Esta es una entrada en dos partes sobre los resultados de las elecciones autonómicas catalanas del 25 de noviembre. El análisis se centra en si, además de los llamados eje nacional y eje social, hay un tercer eje que se opondría a la forma de hacer política de los partidos tradicionales con partidos más abiertos, más horizontales, más participados, es decir, incorporando como eje una mejora de la calidad democrática. En la primera parte, Otro análisis del 25N: de los partidos tradicionales a los partidos red apuntamos algunas definiciones y damos rienda suelta a la imaginación. En esta segunda parte, La abstención como catalizador del tercer eje político aprovechamos los datos preelectorales de Metroscopia para ahondar en el tema y ver la abstención como un colector de indecisos/indignados que después reactiva al electorado hacia los partidos del tercer eje.

Comentábamos en Otro análisis del 25N: de los partidos tradicionales a los partidos red que además de los consabidos eje social (izquierdas vs. derechas) y eje nacional (catalanismo vs. españolismo), en los resultados de las elecciones autonómicas del 25N en Catalunya podría haber indicios de un tercer eje en emergencia: el eje tradicional/en red.

Para ilustrarlo, dibujábamos un esquema que venía a ilustrar una suposición: los partidos tradicionales — el llamado bipartidismo PP-PSOE, que en Catalunya suma un tercer partido, CiU — se veían drenados de votos que alimentaban a otros partidos más pequeños, más flexibles y, sobre todo, más enraizados en las plataformas y movimientos ciudadanos, con las CUP como partido paradigmático.

Lo que sigue es un análisis ya no basado en la intuición, sino en datos, basados esta vez en la encuesta preelectoral del 18 de noviembre de 2012 que Metroscopia realizó para El País.

En la siguiente tabla se presenta la transferencia de votos de un partido a otro, así como los ciudadanos que solían abstenerse y que decidieron ir a votar:

Los dos siguientes grafos presentan los flujos netos entre partidos de las tablas anteriores. El grueso de los nodos es proporcional al total de votos obtenidos. El grueso de las aristas o flechas que unen cada nodo corresponden, en el primer caso, al total de votos, y en el segundo caso, a la proporción de votos que una formación recibe en relación al total de votos obtenidos. Como se puede deducir, el sentido de la flecha representa el sentido del resultado neto de trasvase de votos entre dos formaciones.

Grafo del trasvase de votos el 25N
Elaboración propia a partir de Metroscopia.
[Clic para ampliar en ventana nueva]
Grafo del trasvase de votos el 25N
Elaboración propia a partir de Metroscopia.
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Algunas observaciones rápidas que ya da cuenta de ellas José Pablo Ferrándiz Magaña en el artículo original de El País:

  1. Lo primero que podemos observar en los grafos es lo que fue más evidente la noche electoral: el incremento de participación, representado aquí por esas flechas grises que van de la abstención a alimentar a la mayoría de partidos.
  2. Lo segundo, la centrifugación de CiU en beneficio de prácticamente todos los demás, la centrifucgación del PSC sobre todo hacia las izquierdas, así como la “reabsorción” de SI por parte de ERC.
  3. La activación del voto con todo tipo de (presuntos) motivos: para reforzar el españolismo (PP, PSC, Cs), reforzar el catalanismo (ERC, CUP) y para castigar al gobierno de derechas (ERC, CUP, ICV)

Dicho esto, ¿qué más podemos interpretar de los datos?

Por supuesto, el gran crecimiento de las CUP y de Ciutadans, pero un crecimiento que no bebe en su mayoría de otros partidos, sino básicamente de la abstención. Al margen de los motivos que hacen reactivarse a todo ese electorado que se abstenía (sea el eje nacional en un sentido u otro, sea el eje social), la cuestión es que ese electorado no se reactiva volviendo a su partido de origen, sino que va a partidos o bien de nuevo cuño (CUP) o bien con un estilo y discurso muy distinto (aunque sea en las formas) de los partidos tradicionales (Cs). Aunque habría que ir a los datos oficiales de elecciones anteriores, es evidente que esa gran bolsa de abstención ha sido alimentada a lo largo de los años por los grandes partidos: CiU, PSC (seguramente quien más) y PPC (seguramente menos en unas elecciones autonómicas).

Lo mismo sirve para ICV-EUiA y, sobre todo, ERC: el crecimiento de ambas no se explica (creo) solamente por una reactivación del electorado, sino por una reactivación en un determinado sentido: de mayor flexibilidad o de mayor cercanía a la ciudadanía, las plataformas ciudadanas y, en definitiva, a los movimientos sociales que han zarandeado la sociedad española y catalana los últimos 18 meses (por acotar en el tiempo).

Podemos ver, no obstante, como CUP y Cs siguen marcando la diferencia, dado que no solamente recuperan abstencionistas para sí, sino que también provocan trasvases de otros partidos a sí mismos dentro de una cierta afinidad ideológica.

Cabría preguntarse si, más allá de lo excepcional de las elecciones del 25N, empezaremos a ver una vuelta atrás en la abstención. Una vuelta atrás en el sentido de que, habiendo vaciado a los principales partidos de votantes decepcionados o directamente indignados con su gestión y, sobre todo, con su forma de hacer, ahora vendrá a alimentar a partidos mucho más cuidadosos con la participación, la democracia interna… o también una catalización hacia una anti-política y una forma de hacer populista, que es la cara opuesta de esa democracia más deliberativa y participada de los partidos de fuerte componente local.

Dicho de otra forma, se me antojan tres vías de evolución a medio plazo de la actual situación de desencanto, deconfianza y desafección política:

  1. Los grandes partidos siguen igual, la abstención engrosa, las instituciones se vacían de legitimidad y el caos acaba desembocando en rebelión, habida cuenta de que la situación de desgobernanza es ya insostenible.
  2. Los grandes partidos siguen igual, la abstención devuelve votantes, pero lo hace hacia partidos extremistas y populistas, relajándose la situación en la superficie (“éstos tienen la solución”) pero empeorando en el fondo. Es lo que probablemente hemos visto en Europa los últimos 10 años.
  3. Los grandes partidos siguen igual, pero la abstención devuelve votantes hacia nuevos partidos y formaciones, organizados de forma más horizontal y fuertemente vinculados con las plataformas ciudadanas. Las instituciones reciben nueva sangre, tanto en su composición como en las formas, y se recupera paulatinamente la gobernanza del sistema.

Personalmente, me gustaría que fuese lo tercero.

Otro análisis del 25N: de los partidos tradicionales a los partidos red

Esta es una entrada en dos partes sobre los resultados de las elecciones autonómicas catalanas del 25 de noviembre. El análisis se centra en si, además de los llamados eje nacional y eje social, hay un tercer eje que se opondría a la forma de hacer política de los partidos tradicionales con partidos más abiertos, más horizontales, más participados, es decir, incorporando como eje una mejora de la calidad democrática. En esta primera parte, Otro análisis del 25N: de los partidos tradicionales a los partidos red apuntamos algunas definiciones y damos rienda suelta a la imaginación. En esta segunda parte, La abstención como catalizador del tercer eje político aprovechamos los datos preelectorales de Metroscopia para ahondar en el tema y ver la abstención como un colector de indecisos/indignados que después reactiva al electorado hacia los partidos del tercer eje.

Ayer hubo elecciones autonómicas en Catalunya. La mayoría de análisis del día después — si no todos — se centran, evidentement, en los dos ejes sobre los que ha pivotado la campaña: el conocido eje nacional (soberanismo o catalanismo vs. unionismo o españolismo) y el eje social (izquierdas vs. derechas). Me gustaría proponer aquí un análisis con un punto de vista muy distinto: el desplazamiento del voto de la política tradicional a una política más centrada en la red, en la plataforma ciudadana.

Antes de nada, los resultados electorales:

Propongo un resumen rápido (vale la pena centrarse en los escaños, ya que el incremento de más de un 10% de la participación hace engañoso mirar únicamente los votos):

  • Los dos históricamente grandes partidos (CiU, PSC) pierden un considerable apoyo. A efectos prácticos, podemos decir que PPC queda aproximadamente igual.
  • Los dos partidos minoritarios (ERC, ICV) ganan apoyo, el singular crecimiento de ERC sin lugar a dudas por el carácter plebiscitario sobre la independencia de las elecciones.
  • Dos partidos “marginales” al sistema (Ciutadans, CUP) multiplican, en conjunto, su presencia por 4 — personalmente considero que Solidaritat Catalana per la Independència ha “devuelto” sus escaños a ERC (de donde salieron muchos de sus dirigentes) más que cederlos a las CUP, cuya respectiva naturaleza política no puede ser más distinta.

A continuación intento esbozar cómo han podido traspasarse estos votos de un partido a otro. Vale la pena enfatizar que el esquema que sigue es subjetivo, y ha tenido que basarse en la intuición personal a la espera que salgan los datos de las encuestas oficiales sobre voto emitido. En cualquier caso, y para disipar dudas, lo importante no es tanto si tal o cuál partido ha cedido más o menos votos a otras formaciones, sino la evolución global del voto de un tipo de formación política más tradicional, basada en la jerarquía y complejas estructuras internas, a otro tipo de formación política más horizontal, más asamblearia, más flexible, más participada, mas abierta y conectada con el exterior.

Veamos la composición de los tres ejes:

  • En el eje social: Izquierdas (ERC, PSC, ICV-EUiA, CUP, SI) vs. Derechas (CiU, PP, Cs) pasan de una ratio 52/83 a 57/78. Es un viro a la izquierda, pero leve (nota al margen, me cuesta ver a Cs como un partido progresista, igual que otros no ven a SI dentro de la izquierda. En cualquier caso, no es este el debate que me interesa ahora).
  • En el eje nacional: Catalanistas (CiU, ERC, ICV-EUiA, CUP, SI) vs. Españolistas (PSC, PP, Cs) pasan de 86/49 a 87/48. Probablemente puede situarse a ICV-EUiA fuera de este eje, donde tiene una posición bastante neutral: esta exclusión cambia por supuesto la relación Catalanismo/Españolismo (y esto está siendo objeto de debate para dirimir si hay mayor o menor mayoría soberanista o no en el Parlament) pero no cambia mucho la evolución de la ratio de unas elecciones a otras.
  • En el eje tradicional/en red, sí hay cambios mucho mayores: si tomamos únicamente como partidos en red a las CUP y Cs, la relación pasa de 3/132 a 12/123. Si somos algo más generosos y tenemos en cuenta la naturaleza asamblearia de ERC así como el tímido pero decidido acercamiento de ICV-EUiA a las plataformas ciudadanas (además de la naturaleza “de barrio” de algunos de sus componentes), la ratio partido red/tradicional cambia de 23/112 a 46/86.

En mi opinión, si algo ha salido en claro de las elecciones autonómicas catalanas del 25 de noviembre es una acentuación del abandono de los partidos tradicionales hacia formas más participadas de hacer política.

Ciutadans ya había irrumpido en 2006 en el Parlament de Catalunya — como UPyD en 2008 en el Congreso — con una forma distinta de hacer política. Recordemos que Ciutadans nace como plataforma política y tiene como eje importante en su discurso la oposición frontal a la “partitocracia”.

Por su parte, Esquerra Republicana de Catalunya siempre ha sido un partido con un funcionamiento ligeramente distinto al tradicional, mucho más abierto y plural. De hecho, muchos achacan a su asamblearismo el no haber podido hacer compatible la política de bases con la política de un partido en el gobierno cuando estuvo en los dos tripartitos. Y si ha habido alguna evolución de ERC en el último año es, precisamente, librarse del “aparato” que desarrolló mientras gobernaba para volver a las esencias. La movilización de las plataformas soberanistas y la interacción del partido con ellas no ha hecho sino reforzar ese espíritu asambleario, de calle, del partido.

Esta evolución — aunque muchísimo más tímida — también se ha vivido en ICV-EUiA. Después de un inicial desconcierto durante el 15M y los meses posteriores, creo que es innegable que ha habido un acercamiento del partido a los movimientos sociales y plataformas ciudadanas — muchas de ellas participadas por sus bases más jóvenes. Ello, y el empuje de la crisis, ha hecho que en el acercamiento de partido y ciudadanía movilizada haya habido una cierta (e, insisto, todavía tímida) capilarización en nuevas formas de hacer, siendo el buque insignia la campaña Catalonia Is Not CiU, así como acercamientos a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) o a organizaciones como Coop57.

No obstante, la estrella de esta evolución de una política tradicional a un partido en red es, sin duda alguna, la Candidatura d’Unitat Popular (CUP). Las CUP, un partido asambleario como pocos, entró en el debate sobre si participar en las elecciones como solamente las CUP podían hacerlo: a través de un (largo) proceso de deliberación y voto entre sus bases y simpatizantes. También fue muy participada la recogida de avales para poder presentar una candidatura. De la misma forma, su campaña así como sus caras visibles se han centrado en dar la voz no tanto al candidato/partido sino a los destinatarios de sus políticas y, por extensión, a la ciudadanía en general. Las CUP son consideradas por muchos como lo más cercano o lo más compatible con el ideario del 15M.

¿Quién más? Aunque fuera del arco parlamentario, vale la pena poner de relieve los resultados de Plataforma per Catalunya y Vía Democrática, el PACMA, el Partido Pirata de Catalunya, la misma UPyD o FARTS.cat. Aunque sin escaños, han visto incrementados sus votos en un 30%, el triple del crecimiento de la participación en las elecciones (es decir, no atribuible o no solamente atribuible a una mayor participación). Estos partidos, aunque con idearios muy distintos, forman también parte de ese entramado de plataformas ciudadanas (neoliberales, anti-partidistas, de corte transversal o temáticas) que proponen nuevas formas de aproximarse a la política. No hay que subestimar su peso: en conjunto, suman más votos que las CUP con sus 3 escaños.

Más allá de la izquierda o la derecha, más allá del debate nacional, se erige como eje político que considerar no qué política se hace sino también cómo se hace dicha política. Cobra importancia una política de proximidad, más participada, y participada en el sentido de influir, no de ser consultado y, a veces, incluso escuchado por el propio partido.

Hay una plataforma ciudadana (o más) para cada problema y dichas plataformas están siendo cada vez más eficaces en la consecución de sus objetivos. Parecería que algunos partidos empiezan a ceder a la presión de planificar contra objetivos, abandonando la retórica de las grandes ideologías, y acercándose a una ciudadanía que cada vez está más organizada con la ayuda de la tecnología, y que se organiza con o sin los partidos — o contra ellos si hace falta.

Habrá que ver, en los próximos años, si esta impresión de una transición hacia el partido red, hacia la plataforma, es algo puntual a la espera de ser absorbido por “el sistema”, o bien un primer aviso de un cambio que se avecina.

Actualización 17:59 26/11/2012: A raíz de algunos comentarios en Twitter, creo que vale la pena hacer dos comentarios.

  1. Que haya separado los partidos en dos bloques (tradicionales, en red) no significa, necesariamente, que los bloques sean homogéneos dentro de sí. Es evidente que las CUP son muy distintas de Ciutadans, o de UPyD, o de eQuo. Lo que tienen en común, no obstante, es que son diferentes en su aproximación a la política y a la forma de relacionarse con el ciudadano/votante que el resto de partidos tradicionales, éstos mucho más homogéneos entre sí. Dicho de otro modo, lo que hace similar a las CUP y Ciutadans es que son distintas a cualquier otro partido. Lo que nos lleva al siguiente punto.
  2. Un partido red, a diferencia de uno tradicional, es difícil de caracterizar, precisamente por su condición de red, que se compone y se descompone, crece, mengua, se transforma. Por tanto, su estructura interna es difícil de tipificar, por cambiante, lo que además hace difícil de compararla a la estructura de otro partido. No obstante, lo que sí es un rasgo común es la forma como esas redes son abiertas y colaboran, cooperan, se entrelazan y a menudo confunden con otras redes externas al partido, redes ciudadanas, plataformas cívicas. Es aquí donde me gustaría incidir: cuando hablo de estructuras organizativas distintas querría poner el énfasis en el partido en sí mismo como un nodo dentro de la red política/democrática, y no tanto en la estructura interna del partido.

Desactivar el debate independentista para avanzar

Breve y parcial cronología de los hechos:

  • 2000: El Partido Popular gana las elecciones con mayoría absoluta. La confrontación entre el nacionalismo español y los nacionalismos periféricos pasa a primer plano, especialmente en Catalunya.
  • 2004: ERC sube de 1 a 8 escaños en el Congreso Español.
  • 2006: Se aprueba — en el Parlament de Catalunya y en las Cortes españolas — el nuevo Estatuto de Autonomía de Catalunya, con claro afán de conseguir mayor autonomía respecto al gobierno del Estado.
  • 2008: “Inicio” de la crisis financiera y económica.
  • 2010: El Tribunal Constitucional recorta severamente el texto del nuevo Estatuto. Manifestación multitudinaria el 10 de Julio.
  • 2010: CiU barre en las elecciones autonómicas catalanas.
  • 2012: Manifestación masiva el 11 de Septiembre, tras muchos meses de encuestas que muestran la creciente aceptación de la opción soberanista e independentista entre el electorado catalán, tanto por motivos identitarios como económicos y políticos.
  • 2012: Según las encuestas CiU barre (más todavía) en las elecciones autonómicas catalanas. Las políticas de austeridad no hacen mella en el gobierno, a diferencia de lo ocurrido con todos los otros gobiernos a lo ancho y largo de Europa (modificación post-elecciones: Las formaciones soberanistas crecen en las elecciones autonómicas catalanas. Las políticas de austeridad hacen mella en el gobierno pero sigue teniendo amplia mayoría, a diferencia de lo ocurrido con todos los otros gobiernos a lo ancho y largo de Europa).

Sirva la digresión anterior para ilustrar hasta qué punto la política y la economía están secuestradas en Catalunya por el debate sobre la independencia. No querría que se me malinterpretara: esta afirmación no tiene nada que ver sobre si la independencia sería buena o mala, o aspirar a ella algo legítimo o no legítimo. Lo que estoy intentando decir no es que la cuestión de la independencia ha ido ganando importancia hasta situarse en primer plano, sino que el debate copa de tal forma la agenda política y social que el resto de cuestiones parecen haber salido de la agenda, del todo.

En el mejor de los escenarios, la cuestión social y económica se aplaza a un futuro hipotético: “cuando seamos independientes…”. Es el escenario de la aproximación económica de la independencia, la independencia como instrumento para mejorar, la independencia del expolio fiscal o del España nos roba. En este escenario, todos los planes son a futuro.

En el peor de los escenarios, la cuestión social y económica no tienen futuro. La independencia no solamente es un fin en sí misma sino que es el fin. La el progreso económico y social, la equidad y la justicia social ni están ni se les espera. En la aproximación identitaria de la independencia el plan es la independencia y la independencia es el plan.

Por supuesto, el reverso de las anteriores — la independencia traerá el caos económico, la independencia es ilegítima y no será — es igual en composición aunque con signo distinto: la cuestión es que hay una expulsión absoluta de otros temas de la agenda política. Acuciantes temas, cabría añadir.

No querría aquí entrar en priorizar si estos acuciantes temas lo son más o menos que la cuestión de la independencia. Cada uno tiene sus prioridades.

En lo que sí querría incidir es en la incompatibilidad de debatir en paralelo la cuestión de la independencia y el abordar el combate de la crisis. Porque, a los hechos me remito, lo que venía siendo una tendencia en los últimos años se ha convertido en una total evidencia en los dos últimos meses: a pesar de los intentos de algunos partidos y de muchísimas plataformas ciudadanas, ha sido imposible mantener el debate sobre los famosos eje nacional y eje social en paralelo. Siempre ha pasado uno por delante del otro y, de forma inexorable, el ganador ha sido el eje nacional. Valga como ejemplo la visita de Alexis Tsipras a Barcelona el pasado 22 de noviembre. Ante la posibilidad de preguntar al líder de Syriza cómo su formación se ha convertido en abanderada — en Grecia y fuera de Grecia — de otra forma de hacer política y otra forma de entender la política, las primeras cuestiones en la rueda de prensa oficial trataron sobre cuál era su opinión sobre la independencia de Catalunya.

Considero, pues, necesario desactivar el debate independentista para poder seguir avanzando (o, al menos, parar la caída libre) en materia de sociedad y economía. Insisto: no digo que la independencia sea buena o mala, pero sí que la larga duración sobre el debate independentista sí que está siendo de una terrible malignidad. No se pueden aplazar ya más determinadas cuestiones.

De las diversas opciones que hay para desactivar el debate, personalmente prefiero la pacífica y, a ser posible, que transcurra dentro de la legalidad. A estas alturas de la partida, y desde un punto de vista muy personal, votar una formación soberanista me parece la mejor opción para desencallar el callejón sin salida en el que estamos metidos. No la única, pero seguramente sí la mejor opción de superar el debate es un referéndum vinculante sobre la independencia de Catalunya. Y esta opción es al margen de cuál sea su resultado final: el referéndum sobre la autodeterminación es, ahora mismo, la mejor salida para afrontar la crisis, porque sin él no habrá debate serio sobre la crisis, sobre el paro, sobre las hipotecas, sobre la privatización de la sanidad o de la educación o de la justicia, sobre el despilfarro de muchos gobiernos y la corrupción de muchos gobernantes.

Esta será mi opción en las elecciones autonómicas del 25 de noviembre de 2012. Esta y aquella que me garantice que, mientras no llega dicho referéndum, concentrará sus esfuerzos en volver a poner sobre la mesa de la agenda política la cuestión social y la cuestión económica. Aquella que dará por descontado que el camino — termine como termine — será largo y que no podemos sentarnos a esperar y ver qué pasa, cuando pase, si pasa.

¿Debe la Generalitat de Catalunya fomentar el ir a votar?

La Junta Electoral Central ha ordenado retirar la campaña del 25-N que el govern de la Generalitat había elaborado en relación a las elecciones autonómicas de Catalunya.

Si bien los partidos que elevaron sus quejas a la Junta Electoral denunciaban que dicha campaña era parcial, por fomentar un voto soberanista a partir de dar una gran visibilidad a la manifestación independentista de la pasada Diada, la Junta Electoral ha fundamentado su decisión de anular la campaña por fomentar el voto en sí mismo, por fomentar el ir a votar. Este fomento del voto no estaría permitido según lo que apunta el artículo 50 de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General.

La Generalitat ha anunciado que recurrirá la retirada de la campaña institucional del 25-N amparándose en el artículo 43 del Estatut de Catalunya que sí permite el fomento de la participación.

¿Quién tiene razón?

Vayamos por partes.

El artículo 50 de la LOREG dice que los poderes públicos […] pueden realizar durante el período electoral una campaña de carácter institucional destinada a informar a los ciudadanos sobre la fecha de la votación, el procedimiento para votar y los requisitos y trámite del voto por correo, sin influir, en ningún caso, en la orientación del voto de los electores.

En unas elecciones hay cuatro opciones posibles: votar una lista, votar en blanco, emitir un voto nulo, o no ir a votar. No ir a votar es, pues, una opción tan legítima como ir a votar. Y esto es así al margen de que uno pueda pensar que es mejor ir a votar. En este sentido, hay partidos hacen campaña — insisto, legítima — para que la gente no vaya a votar. Así, una comunicación institucional que esté apoyando de forma explícita o implícita el ir a votar está decantándose o haciendo propaganda a favor de tres opciones (votar una lista, votar en blanco, emitir un voto nulo) sobre una cuarta opción (no ir a votar), perdiendo con ello la imparcialidad.

Pero, ¿y lo que dice el Estatut?

El artículo 43 del Estatut de Catalunya dice que los poderes públicos deben procurar que las campañas institucionales que se organicen en ocasión de los procesos electorales tengan como finalidad la de promover la participación ciudadana.

¿Qué es participación? Participación es, por supuesto, organizar debates sobre los problemas de la ciudadanía y cómo las distintas formaciones políticas quieren afrontarlos, es tomar parte en eventos propagandísticos y mítines, es colgar carteles y es, por descontado, ir a votar. Pero, tal y como decíamos antes, hay más opciones. También es participar denunciar que el proceso electoral es deficiente, dar a conocer los sesgos y debilidades del actual marco democrático o preferir otras formas de participación no democrática no centradas en la representación. En consecuencia, también es participación fomentar el no ir a votar como forma de protestar contra el actual sistema electoral o contra cualquier tipo de elecciones porque se prefieren alternativas a la democracia representativa. Eso también es participación.

Por tanto, la campaña del govern de la Generalitat vulneraba el artículo 50 de la LOREG al mismo tiempo que no puede ampararse en el artículo 43 del Estatut de Catalunya: no son artículos contradictorios sino totalmente complementarios. Siempre y cuando, claro está, se considere participación la crítica contra los sistemas establecidos y el “no voto” de protesta. Al fin y al cabo, votar es un derecho, no una obligación.