Si no somos racionales, ¿qué somos?

Portada del libro Acicates (nudges), buen gobierno y buena administración (Juli Ponce Solé, coord.)

Acicates (nudges), buen gobierno y buena administración (Juli Ponce i Solé, coord.)

En los últimos años se nos ha advertido sobre «el fin de la historia», caracterizado por la desaparición de cualquier otro mundo posible distinto al llamado modelo capitalista occidental.

Nada más lejos de la realidad: en vez de entrar en un orden mundial homogéneo y monolítico, estamos siendo testigos de su desmembramiento. El mundo actual se ha entregado al desbocado relativismo de la sociedad posmoderna. Las democracias de hoy en día son según parece imitaciones realizadas por instituciones posdemocráticas de cartón piedra. Las burocracias, estimuladas por la revolución industrial, están teniendo dificultades para adaptarse a una sociedad de redes. El crecimiento económico se ha dado de bruces con la realidad finita del cambio climático. Mientras los estados nación protegen celosamente sus fronteras, empresas virtuales procedentes de realidades virtuales crean nuevas identidades para nuevas sociedades sin fronteras. Antes de que los humanos se den cuenta de estos cambios y empiecen a adaptarse a ellos, algunos serán sustituidos por robots y algoritmos.

Sin otra escapatoria posible, cuando los humanos vuelvan a ser confrontados con la soledad, en su espejo solo verán que ya no son seres racionales. Que nunca lo fueron.

Se trate de un nuevo orden mundial o «simplemente» de una cuarta revolución industrial, sin duda alguna parece que la acción colectiva tal como la conocemos pende de un hilo. Y, sin embargo, la acción colectiva puede que sea más necesaria que nunca: para influir, para definir, como sociedad, cómo tendría que ser el mundo del futuro.

Ahora bien, si queremos construir una nueva sociedad —y esto exigirá un nuevo concepto de Estado, lo cual a su turno exigirá un nuevo concepto de Administración pública—, desde luego no debería levantarse sobre las ruinas de esta sociedad en decadencia.

De un lado, como ya hemos dicho, algunos de sus cimientos se han desmoronado. La globalización, la digitalización, la asunción de la finitud de la Tierra y la alarmante crisis de legitimidad de las instituciones democráticas son torpedos lanzados contra la línea de flotación de los procesos tradicionales de toma de decisiones y de diseño de políticas empleados en la actualidad. Del otro, las herramientas con las que se quiere reconstruir la sociedad están hechas de barro. Conceptos que llevamos utilizando desde el siglo XIX, como el homo economicus, la racionalización, la jaula de hierro, la elección racional o incluso la propia burocracia, empiezan a peligrar en el momento en que las ciencias conductuales manifiestan con claridad, pero también con firmeza, que tal vez no somos tan racionales como pensábamos.

De ahí que nos encontremos ante una tormenta perfecta: con una necesidad imperiosa de reconstruir nuestras instituciones, en un mundo que ha cambiado radicalmente y con unas herramientas que de pronto, si no se han vuelto obsoletas, han perdido toda fiabilidad.

Un replanteamiento prácticamente desde cero solo puede ocurrir y prosperar mediante una investigación intensiva. Una investigación sobre decisiones públicas, sobre instituciones públicas y, de forma más específica, con instituciones públicas y servidores públicos. Tenemos que poner a prueba y evaluar nuestras posiciones y enfoques actuales para poder diseñar nuevos esquemas que nos permitan construir nuevas administraciones públicas para nuevos estados y nuevas sociedades. Esto no va a impedir que sigamos transmitiendo nuestros sesgos y defectos como diseñadores de instituciones públicas, pero aun así nos permitirá colocar las señales de advertencia necesarias en los lugares adecuados para que nos prevengan de las malas decisiones.

No sabemos si la historia ha terminado ya o si estamos empezando un nuevo capítulo de nuestra historia futura. Probablemente la diferencia entre ambos caminos se encuentra en la Administración, la cual tiene un papel activo en dar forma al futuro. Su futuro. Un futuro caracterizado por una investigación que aspire, en primer lugar, a comprender mejor cuál debe ser ese papel activo.

Prólogo al libro Acicates (nudges), buen gobierno y buena administración. Aportaciones de las ciencias conductuales, nudging y sector público y privado de Juli Ponce i Solé (coord.), con textos del propio Ponce i Solé, David Jiménez-Gómez, Elisa Moreu Carbonell, Francisco Velasco Caballero, Estrella Montolío Durán, Fernando Polanco Martínez, M.ª Ángeles García Asensio, Pablo Grande Serrano, José-Andrés Rozas Valdés y Santiago A. Martín Nájera.

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