20120521

La responsabilidad de los medios de la dosceromanía en las formas

Los medios parece que no se ponen al día con la tecnología. Un primer impacto de este retraso pertenece al terreno de la eficiencia y la eficacia como organizaciones (como empresas), así como en la calidad del servicio que dan de cara a los ciudadanos (los clientes). Sin embargo, podemos considerar que es todavía más importante el impacto que el desconocimiento de la tecnología tiene no tanto en la calidad del servicio, sino en la calidad de lo servido, es decir, la información, el hecho de informar y de formar a la ciudadanía que también debe comprender el uso y el impacto del uso de estas nuevas tecnologías.

En materia de Tecnologías de la Información y la Comunicación, hay un cierto consenso que en los últimos veinte años se han vivido, como mínimo, un par de puntos de inflexión. El primero, a mitad de la década de 1990, con la apertura de Internet al público en general y la generalización del protocolo GSM que significó la telefonía de segunda generación. El segundo, durante la siguiente década, con la llegada de una web más participativa (la llamada web 2.0) y la telefonía de banda ancha o 3G.

Han sido veinte años durante los cuales, mientras las personas a título individual iban adoptando las nuevas tecnologías, las instituciones quedaban atrás. Así, hay varios estudios que dicen que los profesores utilizan Internet pero no las escuelas; que lo hacen los abogados pero no los juzgados; que los políticos sí pero los partidos no; y así con todas y cada una de las instituciones que imaginemos… hasta llegar a los medios.

Es sorprendente ver cómo los periodistas mantienen blogs y twittean en Twitter mientras los medios que conforman por agregación todavía son en gran medida ajenos a ello.

Se hace difícil de explicar, por ejemplo, que tras varios meses de Primavera Árabe, con consecuencias políticas, sociales y económicas a toda una región del planeta — por no hablar de la repercusión internacional de las revueltas —, muchos medios (la hemeroteca está llena de ejemplos) clasificaran el movimiento del 15M bajo la categoría de “Tecnología”, y encargaran la cobertura a los mismos periodistas que, dos días antes, habían cubierto el CES en Las Vegas o la presentación del último artilugio tecnológico. Es como haber analizado la política económica del ex-presidente Zapatero en la sección de deportes porque que un día dijo que era del Barça (aunque sí que se analiza el Barça en clave de política, economía, nacional, internacional, cultura y lo que haga falta, pero esa es otra cuestión).

Mucho más recientemente encontrábamos cómo el gobierno español, durante la presentación de los Presupuestos Generales 2012, informaba que toda la documentación estaba ya colgada en la web y se podía acceder mediante un código BIDI. Resultó que el código BIDI no era tal, sino que se trataba de un código QR, error que reprodujeron ampliamente muchos medios. El ejemplo puede resultar frívolo, pero denota dos cuestiones de mayor profundidad que la mera confusión de códigos:

  1. Que muchos medios y muchos periodistas, fruto de su ignorancia tecnológica, fueron cadena de transmisión del error. Si esto puede parecer, como decíamos, peccatta minuta porque lo mismo da BIDI que QR, la reflexión es si también hay confusiones de este calado entre otros conceptos, digamos “próximos” entre ellos, como musulmán, islamista o yihadista.
  2. Y no sólo muchos medios fueron cadena de transmisión del error, sino que, sabedores de que el lector no sabe (no como ellos) qué es un código BIDI (o QR), se emplearon en explicarlo en sus páginas… explicando el uno por el otro (afortunadamente, el nivel de explicación era lo suficientemente superficial como para ser válido el intercambio).

Peor, sin embargo, que no dominar determinados conceptos, es hacer bandera que sí se conocen haciendo ostentación de la jerga del sector. Un ejemplo lo tenemos en la pieza del diario Ara Mazoni, en un vídeo viral en defensa del mercado de la música. Los vídeos virales, seguramente el concepto más doscerista y “moderno” del mundo de la comunicación y el marketing en Internet, son aquellos que se propagan rápidamente, boca-oreja, y en muy poco tiempo son vistos por un gran número de personas, en cierto modo de la misma forma como un virus infecta una población.

Pues bien, el concepto “viral” en ningún momento puede atribuirse ex-ante, al igual que una epidemia no lo es hasta que no hay un alto número de infectados. Por si fuera poco, el supuesto vídeo viral tiene, casi dos meses después de su lanzamiento, seis tweets, un compartido en Google+ y 67 me gusta en Facebook. No sólo se precipitó el medio, sino que, en estos momentos, está dando una información errónea: el vídeo, más que viral, es una enfermedad exótica.

Un último ejemplo, especialmente irritante para repetirse casi a diario, es el caso del conductor de El Matí de Catalunya Ràdio, Manel Fuentes, que utiliza reiteradamente los términos “hashtag” y “egosurfing” al presentar los temas y el personaje del día. Desgraciadamente, el uso que se hace de ambos términos es incorrecto. Del todo. Sin matices.

En mi opinión, este mal uso es doblemente criticable:

  • Por un lado, el uso incorrecto del término despista y desinforma a quien no lo conoce de primera mano, a quien tiene en un informativo una fuente de conocimiento. En Catalunya, esto sucede, seguramente, con la mayoría de oyentes de la emisora. Son oyentes que se acercan a un medio público para ser informados y, en cambio, salen desinformados y convencidos de lo contrario.
  • Por otro lado, el uso incorrecto del término desacredita el medio y el periodista ante el colectivo que sí conoce el significado correcto del término. Como decíamos antes sobre la confusión de los códigos BIDI y QR, uno empieza a dudar de la profesionalidad del medio, del periodista y de su equipo y, en consecuencia, pone también en cuarentena cualquier otra información que difunda: si no sabe qué es un “hashtag”(que ha revolucionado el Norte de África), ¿comprenderá que es el bosón de Higgs y su importancia? ¿comprenderá la diferencia entre democracia representativa, directa y deliberativa?

Estos usos incorrectos no son tolerables para los medios, menos aún cuando se trata de informativos, y mucho menos aún en el caso de los medios públicos.

Además, da a entender que se está a punto de perder el tren del periodismo en el siglo XXI, dada la capital importancia de los nuevos medios digitales de comunicación. Más allá de mostrar que se conoce o no un tema, más allá de dar información errónea y así desinformar al ciudadano, más allá de todo esto, las Tecnologías de la Información y la Comunicación tienen también un impacto crucial en el mundo del periodismo. No distinguir un grupo de tweets de una revuelta (árabe o nacional), no distinguir un BIDI de un QR, no distinguir un “hashtag” del tema del día hace pensar en el agricultor que no distingue un tractor de una guadaña.

El futuro del periodismo, tan necesario el segundo como incierto el primero, pasa, también, para conocer las propias herramientas de trabajo. Porque, en el fondo, es de eso de lo que estamos hablando.

Entrada originalmente publicada el 9 de mayo de 2012, bajo el título La responsabilitat dels mitjans de la doszeromania en les formes en Reflexions sobre periodisme, comunicació i cultura (blog de ESCACC, Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Todos los artículos publicados en este blog pueden consultarse allí en catalán o aquí en castellano.
20120211

Twitts al director: ¿hay un quinto poder?

Tradicionalmente, los ciudadanos que querían dirigirse a los medios de comunicación tenían un puñado de vías y poco más: las cartas al director, una llamada a la emisora, una invitación a participar con un pequeño comentario … La voz del lector, del oyente o del espectador podía tener un espacio predefinido en el medio o no, pero, en todos los casos, era una voz que tenía que pasar un filtro: ya fuera a manos de un editor o un director que aprobaba la publicación, ya fuera — en el caso de un directo — a manos de un realizador o un director que aprobaban o mandaban cortar la emisión.

Desde que tenemos la Web y, sobre todo, desde que tenemos los llamados medios sociales, esto ha dejado de ser así. Y no es así en dos planos bien diferenciados. Primero, porque ya no depende de un editor, realizador o director que la opinión de un ciudadano vea la luz. Segundo, porque ya no hace falta la plataforma institucional del medio para hacerlo (el diario, el programa de radio o de televisión), dado que el mensaje tiene infinidad de plataformas para ser difundido.

El análisis de esta revolución, sin embargo, ha tenido a menudo una aproximación desde el punto de vista del contenido. Así, se habla de periodismo ciudadano (un término controvertido, por otra parte) y de cómo las personas a pie de calle pueden convertirse en cronistas de lo que pasa ante sus ojos. No obstante, se echa en falta el punto de vista del continente: ¿qué están haciendo los ciudadanos con estas herramientas en relación a las instituciones, los medios de comunicación?

Muchos, si no todos, los medios de comunicación han abierto ya, dentro de sus plataformas corporativas, canales de comunicación entre el ciudadano y la institución. Estos canales suelen tener dos vertientes: o bien acompañan la noticia, en forma de comentarios o un buzón específico para una determinada pieza (del tipo “corrige la noticia”) o bien en un espacio desvinculado de la pieza y más asociado a la cabecera, normalmente en el espacio institucional en una red social.

Unos y otros no dejan de ser, sin embargo, la reencarnación digital (suponiendo que la Red sea un lugar de seres corpóreos) de aquellas cartas al lector o llamadas a la emisora ​​que mencionábamos antes.

Resultan, por independientes y espontáneas, más interesantes aquellas participaciones que tienen lugar fuera de los espacios institucionales, pero apelando directamente a las instituciones y a aquello que hacen, sin entrar en el comentario centrado en la noticia.

Un primer ejercicio de este tipo es la crítica al medio en lo que se refiere a la forma. Más allá de la crítica fácil sobre contenidos poco cuidadosos o los (a los ojos de quien escribe) cada vez más presentes errores ortográficos, hay críticas a las formas de los medios que el muelle del hueso, a la esencia del periodismo. Un ejemplo es el profesor Josu Mezo de la Universidad de Castilla-La Mancha que, desde hace cerca de ocho años, mantiene Malaprensa, un blog (y un linkblog) que hace una revisión constructiva ya fondo de algunos errores garrafales que van apareciendo en los medios.

Otro ejercicio pertenece al ámbito del fondo o la política de la información, de la política comunicativa que, de forma explícita o implícita, queriendo o sin darse cuenta, siguen los medios. Un ejemplo de esta práctica es la del periodista Roger Vilalta, que en su blog hace un análisis de los porqués y porqué nos del tratamiento de determinadas cuestiones en los medios de comunicación.

Un último tipo de ejercicio, y quizás el más interesante por su naturaleza emergente y distribuida, es el que de repente acapara el debate virtual con motivo de una determinada actuación de un medio. Dos casos que rápidamente me vienen a la cabeza son la cobertura por parte de Antena 3 y la correspondiente “descobertura” por parte de Televisió de Catalunya — ambas emitiendo en directo en aquel momento — del desalojo de los indignados el 27 de mayo de 2011 en la Plaza Cataluña de Barcelona, ​​o el poco menos que anecdótico seguimiento de la mayoría de medios de la manifestación, el 9 de julio del mismo año, del aniversario de la manifestación del 10 de julio de 2010 por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. En ambas ocasiones, Twitter hervía de indignación en tiempo real por la impasibilidad de Josep Cuní, en el primer caso, o del canal 3×24, en el segundo: medios públicos que se esperaba que fueran testigos y cronistas de los ciudadanos.

En los tres ejercicios presentados — y muy especialmente en el tercero — podemos aventurarnos a afirmar que lo que mueve a las personas a comentar sobre los medios no es el afán destructivo — como en algunos foros o páginas o piezas informativas —, ni tampoco una soberbia aleccionadora — como es también habitual encontrar en las redes más instantáneas —, sino una genuina preocupación por la salud del cuarto poder.

No es seguramente arriesgado pensar que muchos de estos comentarios no se hacen desde la posición del consumidor, sino desde la posición del ciudadano. El ciudadano que, inmerso en una grave crisis económica y, sobre todo, democrática, ve desfallecer las fuerzas de aquellos que se erigieron en los vigilados legítimos del poder. Mientras muchos profesionales tienden a mirar desde la distancia a la crítica, a rechazarla por intrusista, a responder a la defensiva, me gusta pensar que, precisamente, se está dando la espalda al último aliado que le queda a los medios: aquel ciudadano que cree que el Periodismo, con mayúsculas, tiene todavía una función social.

Es por ello que algunos asumen la responsabilidad de vigilar el vigilante, de configurarse en un quinto poder que ayude al cuarto a ocupar el lugar que le corresponde. Un lugar que no es a las juntas de accionistas, sino las ágoras de la polis.

Entrada originalmente publicada el 8 de febrero de 2012, bajo el título Twitts al director: hi ha un cinquè poder? en Reflexions sobre periodisme, comunicació i cultura (blog de ESCACC, Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Todos los artículos publicados en este blog pueden consultarse allí en catalán o aquí en castellano.
20101116

Bloques informativos electorales en tiempos digitales

Explica la Amin Maalouf en Las identidades asesinas que Arnold J. Toynbee (he sido incapaz de encontrar la referencia original) divide la historia de la humanidad en tres etapas.

  • En una primera etapa — la Prehistoria — las comunicaciones eran muy lentas pero la creación de conocimiento todavía lo era más, así que las ideas tenían tiempo de propagarse por todas partes antes de que surgiera una nueva.
  • En una segunda etapa — la Historia — la velocidad de creación de nuevas ideas era más rápida que su difusión, lo que conllevó la diferenciación de las sociedades.
  • En una tercera etapa — la etapa contemporánea — las comunicaciones se tornan muy rápidas, así que se debería esperar de nuevo una convergencia de las sociedades.

Más allá de las derivadas identitarias de esta clasificación, es interesante poner de manifiesto la evolución en paralelo de la creación de nuevas ideas con la velocidad de su difusión. En términos políticos esto significa que lo que se dice o lo que sucede es ampliamente conocido prácticamente al instante (podríamos aventurarnos a predecir una cuarta etapa en la que quizá ya nos encontramos: sabemos qué dirá un político antes de que ni siquiera lo piense …).

En este contexto, el Colegio de Periodistas de Catalunya reivindica que los periodistas puedan informar con independencia también durante las campañas electorales y, entre otras cosas, que se ponga fin a los bloques electorales, las imposiciones de tiempo y orden que la Junta Electoral Central establece en la cobertura informativa de las campañas electorales.

A esta reivindicación, fundamentada en el derecho a la información, se añaden otras voces que ponen de relieve la contradicción de amordazar a los medios tradicionales cuando, en la Red, no se tiene ningún tipo de barrera ni de cuota. No estaría de más recordar aquí al publicación de encuestas de intención de voto que hizo El Periòdic d’Andorra durante la jornada de reflexión de las elecciones de 2008, una práctica explícitamente prohibida en el territorio español, pero que El Periódico (de Catalunya) supo esquivar a través de su sucursal pirenaica.

El problema es que la información levanta conciencias y cambia pareceres. El profesor de la UOC Albert Padró-Solanet, en los resultados de su investigación sobre Internet y las elecciones legislativas de 2008, nos explica cómo las personas que recibieron información electoral en línea eran más propensas a la abstención o a abandonar el voto por los grandes partidos (PSOE, PP) en beneficio de los minoritarios, tendencia totalmente opuesta a quien recibía la propaganda electoral por los medios tradicionales (radio, televisión, papel).

Como la inmensa mayoría todavía recibe los lavados de cerebro fuera de Internet, la propaganda de los partidos (todos los partidos) todavía funciona, sobre todo a costa de la abstención. No sería de recibo, pues, que los partidos mataran la gallina de los huevos de oro, no al menos hasta que controlen Internet. Tendremos bloques electorales hasta que los blogs electorales tomen el relevo.

Entrada originalmente publicada el 10 de noviembre de 2010, bajo el título Blocs informatius electorals en temps digitals en Reflexions sobre periodisme, comunicació i cultura (blog de ESCACC, Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Todos los artículos publicados en este blog pueden consultarse allí en catalán o aquí en castellano.
20101013

Yo no estaba allí, y tú tampoco

Una de las definiciones clásicas de qué es la Economía es la que la describe como la ciencia para administrar la escasez. Es escaso lo que es prácticamente inexistente — agua en el desierto — y es escaso, a efectos prácticos, lo que, aunque exista abundantemente, es muy costoso de hacer llegar al lugar donde se utilizará — alimentos en las zonas más pobres del planeta —.

En lo que a periodismo respecta, esta gestión de la escasez queda bien ejemplificada con la frase “Yo estaba, tú no, deja que te lo cuente”, frase de Jay Rosen que utiliza al hablar de James W. Carey y su idea del informe. En su obra de 1974 The Problem of Journalism History, James Carey aboga por el informe explicativo (explanatory report), una forma de explicar la realidad con detalle, minuciosamente, con introspección, pero también con un estilo llano, comprensible, lejos de la abstracción, con fuerza narrativa y descriptiva.

El “tú no [estabas]” era la demanda de un bien escaso, el “yo era” era la economía, el informe, el “deja que te lo cuente” era la manera en que el periodista gestionaba esta demanda de una información escasa.

Ha llegado un momento en que muchos diarios han dejado de estar, porque ya estaban las agencias de noticias, un momento en que muchos otros han acabado estando, porque blogs, twitters, youtubes, flickrs y otros artilugios digitales han dado voz a los que son, y un momento en que el informe explicativo ha dejado de ser minucioso, introspectivo, descriptivo, porque los que no estaban han acabado reproduciendo maquinalmente lo que hacían los que sí estaban: noticias de agencia, por un lado, y productos “amateurs” por otro.

En términos económicos, en muchos escenarios han desaparecido tanto la escasez como quien la gestionaba: la información es ubicua, y muchas piezas son apenas enriquecidas o incluso editadas antes de aparecer en los medios, especialmente en las ediciones digitales.

Si los periodistas ya no están, y mientras todo el resto sí está, a los medios sólo les queda la parte de la elaboración de la noticia, los informes sesudos pero comprensibles, de la erudición con pedagogía.

Si la cantidad ya no es escasa, lo que sí es — ¡y mucho! — es la calidad. El problema es que la calidad cuesta, y la monetización de los contenidos no es fácil en un mundo digital. A ver cómo lo vamos a hacer.

Entrada originalmente publicada el 25 de septiembre de 2010, bajo el título Jo no era allà, i tu tampoc en Reflexions sobre periodisme, comunicació i cultura (blog de ESCACC, Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Todos los artículos publicados en este blog pueden consultarse allí en catalán o aquí en castellano.
20100901

La dificultad de corregir textos digitales

Se atribuye a Séneca la frase “Errare humanum est, perseverare diabolicum”, que traducida vendría a decir “equivocarse es humano, pero perseverar en el error es de tarugos rematados”.

Como errar es humano, los medios de comunicación — producidos por humanos, por muy sorprendente que esta afirmación pueda sonar en muchos casos — contienen errores. En la prensa escrita esto es más grave, porque los errores perduran mucho más allá que el eco de las palabras en el área Temporal del cerebro. Para no perseverar en el error, se inventaron las fes de erratas. Como toda fe, el papel de las fes de erratas es en parte testimonio en parte acto de contrición. Testimonio y contrición de las erratas cometidas durante una edición anterior del periódico, normalmente la inmediatamente anterior.

En el mundo digital escrito, ante un error, hay varias opciones.

La primera es, simplemente, cambiar el texto original para la corrección. Aunque el resultado final queda limpio y repulido, siempre queda un cierto regusto a engaño y alevosía: “si ahora dice B y antes decía A, ¿qué no harán con las noticias de años atrás? ¿qué no harán con las declaraciones de aquel político que antes era tan simpático y ahora un completo desgraciado (porque ha caído en desgracia, se entiende)?

Para solucionar esto, algunos medios escritos digitales — y muy especialmente los blogs — ha optado por tachar los errores y poner la corrección a continuación, es decir, literalmente tachar los errores como si de una hoja de papel se tratara.

Otra opción es la tradicional fe de erratas, con dos particularidades: la primera es que en los medios impresos se tenía que rescatar el diario del día anterior para ver el contexto de la errata, la segunda es que si uno iba a la hemeroteca y daba con la pieza con la errata pero no a la de la fe de erratas, se llevaba la errata a casa a pesar de haber sido testimoniada y contricionada a posteriori. Hoy en día, los medios digitales permiten por un lado enlazar a la noticia original (la de la errata) desde la fe de erratas y, por otra, incluir la misma fe al inicio o al final del escrito original: sigue manteniendo la integridad del original y queda más elegante que la tachadura.

Hay, sin embargo, una última opción, y es empeñarse como un tarugo rematado en el error y no corregirlo. O, lo que es peor, no corregirlo aunque los comentarios de los lectores a la noticia lo hagan notar. Lo que, probablemente, pone de manifiesto un segundo error: habilitar la posibilidad de que el lector comente una noticia y o bien no leerlos o bien pasárselos por el arco de triunfo.

Eso es lo que le está pasando en estos momentos en el diario ABC en su versión digital, aunque podríamos encontrar ejemplos en otras cabeceras hasta llenar un blog entero.

En su noticia Un muerto al impactar un rayo contra un avión en el Caribe, el redactor de ABC confunde (el efecto de) la “Jaula de Faraday” con una “Campana de Gauss” en un error que debería hacer enrojecer al más desvergonzado. Los lectores llevan cuatro días (contando el mismo de la publicación) advirtiéndolo con más o menos humor los comentarios [nota: eran cuatro días al escribir el artículo original: ahora van ya 15]. Ni caso. Quizás en algún momento se corregirá (tal vez no), quizás se tachará o puede que haya una fe de erratas. Siempre nos quedará la captura de pantalla en el artículo de J. Miguel Rodríguez, mi fuente, en Salvados ¿por la campana? (De Gauss).

Entrada originalmente publicada el 20 de Agosto de 2010, bajo el título La dificultat de corregir textos digitals en Reflexions sobre periodisme, comunicació i cultura (blog de ESCACC, Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Todos los artículos publicados en este blog pueden consultarse allí en catalán o aquí en castellano.
20100719

La Comunicación Vertical

Hace unas semanas, el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Francisco Vacas me envió su último libro: La Comunicación Vertical. Medios personales y mercados de nicho (La Crujía Ediciones, 2010). La dedicatoria es, como mínimo, curiosa — “Para Ismael que seguro que le saca provecho” — y se puede interpretar de diferentes maneras. Una de ellas como “no tienes ni idea: a ver si aprendes algo con el libro”. Otra como “sé que te gusta el rompecabezas de la Sociedad de la información: te envío dos piezas más”. Para saber a qué se refería, no quedaba más solución que leerlo.

La colección de la editorial Wiley & Sons “para Dummies” se ha introducido siempre (y especialmente en inglés) como “[un tema cualquiera] para inútiles. Y una referencia para el resto de nosotros”. El libro de Vacas cumple, a la perfección, con esta definición: quien no conozca nada o poco sobre el impacto de las tecnologías digitales sobre los medios de comunicación encontrará una iniciación incomparable, bien explicada, con un cuidado orden vez cronológico y conceptual, fácil de entender pero no por ello superficial. Quien ya sea un iniciado en estas cuestiones encontrará en el libro, como mínimo, un buen esquema con el que ordenar los propios conocimientos de la temática y, en muchos casos, lleno de detalles que se desconocían. En cualquier caso, un buen vademécum al que recurrir de forma sistemática.

De las muchas cosas que me han gustado del libro — y sobre las ventas del cual no tengo ninguna comisión ni recompensa pecuniaria por escribir este comentario — apunto las siguientes:

  • Por un lado, el factor competitivo (y no complementario) de Internet y los medios. Mientras hay todo un debate sobre cómo los medios pueden expandirse a Internet como un canal más, el autor también nos advierte que los recursos (económicos) y la atención del lector son finitos, y que aunque ha habido un pequeño incremento de lectores en los últimos años, el pastel es el mismo y el canal digital compite con los canales tradicionales en financiación y audiencia.
  • Por otra, la merma de credibilidad de los periodistas. Contrariamente al argumento de tipo cualitativo que se suele leer en las blogosferas — el blogger está a pie de calle y además tiene capacidad de respuesta inmediata, frente al periodista en la oficina y encorsetado por la hora de cierre — Vacas esgrime un argumento cuantitativo: el periodista seguirá siendo un profesional legitimado y reputado, pero tendrá sí o sí competencia en los blogs, y no porque sean mejores, sino porque hay miles, y millones de “twitts” cada día que necesariamente detraerán tiempo de lectura de los “gurús de la información” que, en consecuencia, tendrán menos poder de influencia. Esta es, en mi opinión, una perspectiva tan interesante como prácticamente inédita y que, en cambio, se hace difícil, muy difícil de rebatir.
  • En la misma línea, explica cómo Google (1) ha quitado a los medios el monopolio de la atención (2) haciendo las cosas tan fáciles que la gente se ha volcado en masa. Nuevamente, el argumento cuantitativo por encima del cualitativo.
  • Por último, quiero destacar la reflexión que el autor hace sobre la movilidad y como la única barrera para una adopción ya total e incondicional hacia los soportes digitales son las todavía zonas de sombra donde aún no hay cobertura y que, una vez solucionados los problemas técnicos, se conseguirá equiparar la experiencia de consumo en continuidad de los medios convencionales estacionarios con los móviles.

Resumiendo, un libro interesante, muy recomendable, que pone un poco de orden y secuencia en la vorágine de cambios que los medios han sufrido y están sufriendo y, sobre todo, da algunos apuntes de reflexión que bien vale la pena conocer… y pensar en ellos.

Y, como decía la dedicatoria, sí, le he sacado y le sacaré provecho: muchas gracias Francisco.

Entrada originalmente publicada el 10 de Julio de 2010, bajo el título La Comunicació Vertical en Reflexions sobre periodisme, comunicació i cultura (blog de ESCACC, Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Todos los artículos publicados en este blog pueden consultarse allí en catalán o aquí en castellano.

About Me

    Soy Ismael Peña-López.

    Soy profesor de los Estudios de Derecho y de Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya, e investigador en el Internet Interdisciplinary Institute y el eLearn Center de la misma.