Dos preguntas para consultar, ninguna pregunta para decidir

Por fin parece que Catalunya tiene pregunta y fecha para la consulta sobre la autodeterminación. La fecha se fija para el 9 de noviembre del 2014 y la pregunta se formula así: ¿Quiere que Catalunya sea un Estado? Y en caso afirmativo, ¿quiere que sea un Estado independiente?.

Hay que reconocer el mérito al redactado final en lo que a consenso político se refiere: la pregunta — o preguntas — permite recoger diversas aproximaciones al modelo territorial, abriendo un amplio abanico de posibilidades donde todo el mundo puede verse reflejado.

A efectos prácticos, no obstante, a uno le asaltan serias dudas sobre la utilidad final de la consulta para tomar una decisión.

Dos preguntas para consultar

Las dos preguntas vienen a reproducir el árbol de decisión — o unos de los dos árboles posibles — al que ya aludíamos en La tercera vía (de modelo territorial) no existe. Allí decíamos que había dos planos de debate y de decisión estrictamente separados: si Catalunya desea permanecer en España y cuál es el modelo de organización territorial del Estado español. Dos cosas distintas. Relacionadas, en parte, pero distintas.

En este sentido, las preguntas planteadas por el Gobierno de la Generalitat consultan primero a la población sobre el status quo y, en caso de que éste se quiera cambiar, si se avanza hacia la independencia o hacia un estado federal. Si retomamos las preguntas — ¿Quiere que Catalunya sea un Estado? Y en caso afirmativo, ¿quiere que sea un Estado independiente? — las combinaciones posibles son:

  • SÍ+SÍ: Esta es, obviamente, la respuesta para la independencia de Catalunya. Comparto parte de las razones que José Juan Toharía arguye al afirmar que la forma de la pregunta es una autopista
    al sí
    . No obstante, dada la complejidad del tema, creo que la formulación propuesta es de las más aceptables (¿quiere usted salir de España? hubiese sido, en mi opinión, una formulación más grosera y menos flexible.
  • SÍ+NO: La opción federalista. No era fácil incluir esta cuestión en la pregunta y la fórmula encontrada no podría ser más inclusiva. En la línea de la reflexión anterior, explicar a los federalistas que hay que votar sí+no es harto más complejo que pedir el sí+sí. Pero se consigue incluir la opción, que no era fácil.
  • NO+NO: Mantener el status quo. Aunque el segundo NO no es necesario (y probablemente incluso no debería estar — más sobre esta cuestión después) es también una alternativa clara. Ni estado ni, ni mucho menos, independencia.
  • NO+SÍ: Por último, una situación paradójica (o un voto nulo) donde alguien podría oponerse a que Catalunya devenga un estado, pero la quiera independiente. Hay quién propone que esta sea una opción real, una sociedad con acuerdos libres al más puro estilo anarquista. En mi opinión (una
    opinión muy personal) esta es la opción que se está sufriendo (que no disfrutando) ahora mismo en Palestina: una sociedad a la que desde algunos sectores se le niega ser un Estado pero a los que tampoco se quiere incorporar en ningún otro (una suerte de “independencia” algo particular), condenándolos a la inoperancia política y a la irrelevancia internacional.

Ninguna pregunta para decidir

Si tenemos dos preguntas para tomar el pulso a la sociedad de una forma creativa, interesante y, sobre todo, políticamente comprehensiva, la utilidad de la consulta como herramienta de decisión — sea esta cuál sea: presión al Estado Español, declaración unilateral de independencia, etc. — puede que no esté tan clara.

Para empezar está la cuestión sobre si la pregunta es clara o no. Aunque personalmente la considero bastante clara, sí es cierto que al menos la respuesta a la opción federalista cuesta más de identificar y, ante todo, de explicar en el fragor de la batalla propagandística que hace tiempo que ha empezado.

Más complicado todavía es evitar el voto nulo. Dado que la segunda pregunta está condicionada a la respuesta (afirmativa) a la primera, en sentido estricto solamente deberían responder a esa segunda pregunta los que hayan respondido que sí a la anterior. En sentido estricto, todo aquel que responda no a la primera pregunta y responda también a la segunda debería ser un voto nulo. Ahora bien, ¿voto nulo en la segunda pregunta (manteniendo válida la primera)… o en toda la consulta? ¿o que solamente sea voto nulo el que vote no+sí (por ser… “inconsistente”) y damos por bueno el no+no por ser congruente?

Estas son cuestiones muy relevantes. Primero porque si anulamos toda la consulta al que vote no+no aludiendo el voto nulo, claramente estamos eliminando de un plumazo a los unionistas de la consulta. Por otra parte, porque si contamos la primera pregunta como válida y solamente anulamos la segunda, seguimos manteniendo ese voto como participación efectiva, aunque sea nulo, y por tanto computa a la hora de calcular el voto mayoritario en relación a la participación: 3 votos a favor con 1 en contra es mayoría al 75% (3 de 4), pero es minoría en términos de participación si ha habido 4 votos nulos (3 a favor son entonces el 37% de 8). Y en un referéndum sobre la autodeterminación (más, si cabe, que en cualquier otro referéndum) no solamente la mayoría respecto al voto emitido sino respecto a la participación es lo que legitima la decisión que se tome inmediatamente después.

En relación a esto último, es decir, qué es mayoría y qué no, se ha llegado a proponer que un 51% de mayoría en ambas preguntas sea suficiente para que se considere la independencia de Catalunya como opción ganadora.

De nuevo, lo técnicamente correcto y lo socialmente legítimo pueden discrepar. Y de ahí la diferencia entre la validez de las preguntas para consultar y su autoridad moral para tomar decisiones.

Que vote un 51% que sí a la primera pregunta y, de ese 51%, el 51% voten que sí a la segunda pregunta (es decir, el otro 49% serían federalistas), hace que solamente el 26% de quienes han participado estén a favor de la independencia. Eso significa que, en cierta forma, hay un 74% que ha votado contra la independencia. Este es el gran problema de mezclar distintos ámbitos de decisión (pertenecer o no a España y qué modelo territorial se quiere para España) al que aludíamos al principio. Desconocemos, por ejemplo, qué quiere ese 25% federalista si la federación no es posible: ¿independencia o autonomías? Más allá de lo que digan las encuestas, la consulta no nos lo aclara. Lo único que nos aclara es que… son federalistas.

Hagamos un ejercicio de reducción al absurdo para ilustrar esta cuestión. Imaginemos que la consulta no son dos preguntas sino cinco:

  1. ¿Quiere que Catalunya sea un Estado?
  2. Y en caso afirmativo, ¿quiere que sea un Estado independiente?
  3. Y en caso afirmativo, ¿quiere
    que el Parlament de Catalunya apruebe iniciar el proceso de secesión?
  4. Y en caso afirmativo, ¿quiere que el Parlament de Catalunya haga una declaración unilateral de indepencencia (DUI)?
  5. Y en caso afirmativo, ¿quiere que el Parlament de Catalunya haga la DUI durante el siguiente mes a la consulta?

Según la lógica de que un 51% en cada pregunta es suficiente para proclamar dicha opción ganadora, bastaría con que llegase a la última pregunta un 3,5% del total de la participación para ganar, por ejemplo, la declaración unilateral de independencia por el Parlament de Catalunya al día siguiente de realizarse la consulta. Sería la mayoría de la mayoría de la mayoría de la mayoría de la mayoría. Y, sin embargo, solamente representaría un 3,5% de quienes han participado (que, con total seguridad, no será toda la población con derecho a voto, es decir, todavía menos del total).

Está claro que este es un extremo distinto de lo que plantea la consulta inicial, pero en mi opinión resulta pedagógica para comparar la validez técnica con la legitimidad del resultado.

Así pues, volvemos a la primera casilla: una consulta muy potente como herramienta para sondear el pensar de los ciudadanos, pero que presumiblemente se mostrará difícil de manejar como herramienta para la toma de decisiones… a no ser que una de las opciones salga victoriosa con una mayoría aplastante.

Sobre cómo calcular el resultado y sobre cómo computar su legitimidad son más que recomendables los siguientes apuntes:

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4 Comments a “Dos preguntas para consultar, ninguna pregunta para decidir” »

  1. Ben d’acord amb tot el que exposes, Ismael.

    Per fer-ho encara més complicat, si el sistema de còmput no és el del 51% de cada pregunta (que no té massa sentit pel que ja has explicat) sinó el del 51% sobre el conjunt dels votants, el vot federalista també podria resultar guanyador només amb un 2% dels vots:

    1a pregunta: No 49% – Sí 51%
    2a pregunta: No 2% – Sí 49%

    Una lectura estrictament lògica donaria per guanyadora l’opció de tenir un estat que no fos independent, malgrat comptar només amb un 2% del suport.

    Així doncs, hi ha tres escenaris clars: No > 50% a la primera pregunta o que a la segona qualsevol de les dues respostes obtingui més del 50% dels vots sobre els votants globals (inclosos els No de la primera). Que en el fons no és massa diferent que tenir una pregunta amb tres respostes i que una de les tres tingui més del 50% de suport. Tota la resta de combinacions són interpretables.

    En fi, descomptant qualsevol altra hipòtesi (que la consulta no es pugui fer, etc.), ara caldria consensuar a priori un reglament d’interpretació dels possibles escenaris resultants. Tela…

    Sobre el tema del vot nul, no es podria resoldre simplement imprimint butlletes pre-marcades? En aquest cas, el nul seria qualsevol manipulació afegida sobre la butlleta que pogués fer dubtós el sentit del vot, atès que ja no es podria atribuir a un error del votant.

    • Jaume, mira’t l’apunt a El Pati Descobert sobre com s’hauria de comptar.

      L’exemple que poses tu del 2% federalista no guanyaria perquè té un només 2% de suport. I quedaria empat tècnic al 49% les altres dues opcions.

      Cadascuna de les opcions ha de guanyar per sobre del 50% (com a mínim, a no ser que es pacti una majoria més àmplia). I sí, és com tenir tres opcions, només que n’hi ha dues que vénen condicionades per la resposta a la primera.

      Però el que hem de comptar no és si un guanya en cadascuna de les preguntes, sinó si un guanya com dius tu, si hi hagués tres opcions.

      Interessant l’opció de preimprimir butlletes, sí! Tot i que potser és més fàcil dir que tothom que respongui a la segona pregunta havent dit NO a la primera no es tindrà en compte el vot, com si no s’hagués emès, no com a nul.

  2. Desde luego, este esquema propuesto vale para confundir.
    Incluso si diera respuestas claras, lo que no ocurre, aún queda el problema de que trata de decidir sobre dos cosas, de manera incremental:
    a) ¿desea que España tenga otro modelo territorial? (federal o similar)
    b) ¿desea que Catalunya sea independiente?
    Es defendible (aunque también lo contrario) que la 2ª decisión pueda ser tomada por los votantes catalanes. La primera, en cambio -un cambio del modelo territorial de España- debería ser siempre planteada al conjunto de los españoles.
    Si la idea del refefendo fuera meramente informativa, no se diferenciaría tanto de un estudio demoscópico y no se entendería que se montara tanto lío. Si pretende servir para decidir, debería versar sobre asuntos sobre los que se puede decidir, con mecanismos que permitan tomar decisiones.
    Incluso la odiosa pregunta “¿desea usted salir de España?” sería preferible a este laberinto de espejos demformados.

  3. Pingback: La pregunta és clara | Paraules sense escrúpols

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Sobre Mí

    Soy Ismael Peña-López.

    Soy profesor de los Estudios de Derecho y de Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya, e investigador en el Internet Interdisciplinary Institute y el eLearn Center de la misma. También dirijo el proyecto de Innovación Abierta de la Fundació Jaume Bofill.