Por qué iré a la Vía Catalana

Cuando una cuestión (no hace falta que sea un problema) afecta a más de una persona, en resumidas cuentas tenemos dos formas de abordarla:

  1. La primera es llegar a un acuerdo. Para ello es esencial que haya diálogo, debate, deliberación. No nos engañemos: el punto de llegada no tiene porqué ser necesariamente satisfactorio para todos los actores implicados. Pero sí supone que hay un reconocimiento de ese punto de llegada como solución (aunque sea de forma temporal) y un compromiso de respetarlo.
  2. La segunda es no llegar a un acuerdo. A esta falta de acuerdo puede llegarse, a su vez, por dos caminos distintos:
    1. El primero es donde una o varias partes ningunean a la otra u otras. Se toma una decisión y su consecuente curso de acción prescindiendo no ya de la voluntad sino incluso de la opinión del resto de implicados.
    2. El segundo es que una o varias partes imponen su opinión y voluntad al resto. Y, como toda imposición, se hace con un determinado grado de violencia.

Los tres procedimientos anteriores pueden ejemplificarse con el manido caso del matrimonio que va a separarse.

En el primer caso, uno de los cónyuges decide poner fin a la vida en pareja. Lo habla con el otro cónyuge y acuerdan los términos de la separación: quién se queda a vivir en el hogar que hasta entonces compartían, cómo se sufragaran los gastos de los hijos, etc. Como ya he comentado, esta solución puede que no sea satisfactoria para todos — por ejemplo el cónyuge que sigue queriendo al que ha decidido romper la pareja — pero es una solución pactada al fin y al cabo.

En el segundo caso, la primera opción es el clásico donde uno de los cónyuges “baja a por tabaco” y jamás vuelve a aparecer. No hay acuerdo, pero tampoco violencia: simplemente una parte ningunea a la otra y decide por su cuenta y riesgo.

En el tercer caso, ante la propuesta de romper la pareja, uno de los cónyuges fuerza al otro a permanecer en el hogar, ya sea con amenazas – violencia verbal – o a golpes – violencia física.

Terminemos esta digresión inicial diciendo que, en mi opinión, la opción del ninguneo solamente es factible en muy pocos casos. Además, es altamente inestable y es fácil que acabe convirtiéndose en una de las otras dos opciones: siguiendo el ejemplo anterior, o bien la pareja buscará a la parte fugada para acordar los términos de la separación (p.ej. los gastos de los hijos) o bien la pareja buscará a la parte fugada para hacerla volver a casa a golpes.

La Vía Catalana

La Assemblea Nacional Catalana ha organizado para el próximo 11 de septiembre — la fiesta nacional de Catalunya — la creación de una cadena humana que recorra los 400km que hay del extremo norte al extremo sur de Catalunya. Una Vía Catalana que pretende emular, tanto en el fondo como en las formas, la famosa Cadena o Vía Báltica con la que Estonia, Letonia y Lituania pidieron el fin de la ocupación soviética.

El signo de la Vía Catalana es inequívoco. Aunque ha habido matices, su objetivo es reivindicar la independencia de Catalunya, aunque otros participarán en ella abanderando cuestiones de soberanía o el derecho a decidir.

Yo voy a participar en la Vía Catalana aunque la independencia no esté en los primeros puestos de mis prioridades políticas. Mis motivos son mucho más básicos… o, me atrevo a decir, fundamentales.

Y creo que vale la pena compartir mis motivos no tanto para justificar mis acciones — que no ha lugar — sino para contribuir a explicar a aquellos que están pendientes de la cuestión catalana qué está sucediendo o cómo se están viviendo las cosas aquí.

Retomemos la digresión con la que empezaba esta reflexión.

Hay, según las encuestas, un buen grueso (un tercio, la mitad, algo más de la mitad… varía con la encuesta, pero es un buen grueso) de la población catalana que querría independizarse de España y otra parte que no. En el fondo, no obstante, los porcentajes son lo de menos: lo que está claro — y más después de las manifestaciones del 10 de Junio de 2010 y del 11 de Septiembre de 2012 — es que hay un desencuentro de pareceres alrededor de la forma en que hay que tratar la cuestión nacional en Catalunya.

¿Y cómo se ha abordado esta cuestión? Bien, con el ninguneo. Dejando aparte que el Senado es una cámara que no es territorial ni siquiera en absoluto operante, el mejor ejemplo es el del actual Estatut d’Autonomia, votado por dos parlamentos y por la población en referéndum y modificado, después, por un tribunal que no parece deberse a la Ley — y esta a la sociedad — sino a sus propios sesgos ideológicos. Hay más ejemplos, como los monólogos, soliloquios y juegos de frontón que se traen los respectivos representantes políticos tanto a nivel estatal como a nivel catalán.

No nos confundamos: no estoy defendiendo una posición en particular, sino el debate y la deliberación. Como ya he dicho, la solución que se tome no tiene que ser necesariamente del gusto de todos — no lo será en este tema jamás — pero sí puede ser algo acordado. Insisto: lo que denuncio es la falta de diálogo… y los riesgos de acabar mal que ello supone.

Pero el debate se ha negado. Negado a dos niveles: ni se habla de independencia, ni se habla de hablar de la independencia. Ni hay referéndum o consulta no vinculante, ni se habla de cómo sondear a la población en su totalidad más allá de una encuesta basada en una pequeña muestra. Ni la Ley permite la consulta — por no hablar de la independencia — ni se habla de cómo cambiar esa Ley. En definitiva, no se habla. Y punto.

Este ninguneo puede desembocar en un diálogo de sordos ya total: declaración unilateral de independencia. Con ello, no solamente no hablan los distintos gobiernos, sino que tampoco se habrá escuchado a la parte (¿cuánta? no lo sabemos) que pueda estar en contra de la independencia. Un despropósito de ninguneos.

Se me antoja que este ninguneo no puede durar eternamente, con lo que o bien habrá que acabar hablando o bien — y esta es la tradición española más arraigada — habrá que acabar imponiendo la solución con sangre. No, aquí todavía nadie habla de sangre (¡al contrario!), pero, ¿hasta cuando pueden ningunearse los problemas, la independencia de Catalunya o la cuestión que sea?

Mi participación en la Vía Catalana quiere contribuir, en la medida de lo posible, en hacer decantar la aproximación a la cuestión de la independencia de Catalunya hacia la vía del diálogo y no hacia la vía de la violencia.

Sé que esta es una aproximación un tanto maximalista, pero así es como yo veo las cosas y cuál creo que es la situación de la cuestión.

Pero, ¿hay que ser nacionalista para ir a la Vía Catalana? En mi opinión, no necesariamente. Es más, mi (repito: mi, la mía) aproximación a la cuestión es que precisamente hay que reivindicar el diálogo fuera de toda consideración nacional, sea catalanista o españolista. No me cabe duda de que este no es el sentir mayoritario de quienes van a participar. Pero yo aquí hablo por mí, no por ellos.

Pero, ¿hay que ser independentista para ir a la Vía Catalana? ¿No capitalizarán los independentistas la participación de los que vayan? La respuesta es parecida a la anterior. Aunque la iniciativa parte desde una organización independentista y se configura en el fondo cómo una reivindicación independentista, para mí priman, en este caso, las formas: la apología del diálogo por encima de todo. Y, a fin de cuentas, si a uno tienen que acabar capitalizándolo unos u otros, en estos momentos es mejor verse entre las filas de aquellos que defienden una salida dialogada a la cuestión que aquellos que, por activa o por pasiva, están alimentando y empujando la salida hacia la violencia, a base de cerrar una y otra vez cualquier otra alternativa democrática.

Esta es, en definitiva, mi consideración a participar en la Vía Catalana: por encima de todo — de nacionalismos, de independentismos, de pugnas entre partidos y gobiernos — un ejercicio de democracia, de soberanía popular. De agotar las vías del diálogo, el debate y la deliberación.

No se me ocurre nada más radicalmente opuesto a la Guerra de Sucesión, a las Guerras Carlistas, a las declaraciones unilaterales de repúblicas y estados catalanes, o a la Guerra Civil Española que la Vía Catalana. Y allí quiero estar yo para apoyar esta radical alternativa. Lo que venga después del diálogo, el debate y la deliberación, eso ya pertenece a otra discusión.

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22 Comments a “Por qué iré a la Vía Catalana” »

  1. Et felicito pel teu raonament democratic i logic.

    Les lleis i les constitucions han d’emanar del poble i la situacio actual no respon a aquest axioma.

    Els gobernants espanyols fan un mal favor al seu pais amb les seves actuacions, sense citar les avantatges de continuar a Espanya ni ofertar solucions.

    Ja fa molts anys que estic a favor de la independencia igual que desitjo una revolucio democratica en el nostre futur estat.

    El poble ha de decidir!!!!

  2. Coincideixo plenament amb els teus plantejaments, moltes gràcies per exposar-los amb tanta claredat. Sempre em desperta un gran agraïment que algú m’ajudi a trobar les paraules que em falten i els arguments per endreçar i poder exposar millor el que penso.

    Perquè després de molt donar-hi voltes (la independència tampoc és una prioritat en els meus plantejaments polítics), també vaig decidir participar a la Via. M’agrada aquesta manera no agressiva que hem triat de manifestar el descontent i m’agrada que sigui una iniciativa de la societat civil.

    I perquè pugui funcionar me n’aniré on falta gent: estaré entre oliveres al tram 166.

  3. magnifica exposició i platejament de la questió; si puc li ho enviaré a uns amics de Leganés (Madrid); son gent molt assenyada, tenen 2º residéncia a Calonge, parlen el català força bé i el respecten.
    vull dir amb aixó que no tot-hom a les castelles pensa i actua com fa la majoria; fins i tot en algunes converses que em tingut a Calonge i a Leganés, m`ha dit que seria millor que l`Estat espanyol accedir a donar-nos la independencia si hi ha una voluntat majoritaria del catalans.
    no tots son iguals, tingem-ho en compte.
    visca catalunya, visca la terra ¡¡¡¡

  4. doncs jo no hi aniré Ismael, justament perquè la gent de l’ANC i Òmnium han perdut allò que l’any passat conservavem que era l’esperit d’unitat i que era un antídot justament contra la violència, encara que aquesta només sigui verbal o psicològica. Una cadena a la que els i les que van són considerats independentistes deixa fora els que no ho sóm i en canvi volem que ens consultin quin ha de ser el nostres estatus i a més no volem quedar-nos com estem. És una convocatòria clarament excloent. I jo, ho sento molt, no vaig allà on no em volen. En canvi a #encerclarlacaixa sí que hi vaig i més després de que l’ANC s’hi desvinculi, perquè la Caixa és el paradigma dels poders que no volen que res es mogui, que volen la seguretat, la seva seguretat és clar! i encerclar-la l’11S això demanant el dret a decidir davant tot, pels drets nacionals i pels socials, “em posa més”, que vols que et digui.

    • Xavier,

      Comparteixo molts dels deus dubtes o “peròs”. El Santi Casas en llista un bon grapat al seu apunt de perquè no hi anirà que comparteixo plenament.

      No obstant, jo he acabat decantant-me per anar-hi.

      A mi m’agradaria ser també encerclant la Caixa… però entenc que l’11 de setembre va sobre l’eix nacional, no sobre l’eix social.

      Vaja, que com li deia al Santi al seu apunt, estem d’acord, però per a mi ha primat més, aquesta vegada, la posició maximalista i deixar enrere, aquesta vegada, els dubtes, contradiccions… i rebuigs, que els tinc.

      Només un apunt: jo crec que Òmnium i ANC són molt diferents.

      • Curiosa la diferenciación entre “eix nacional” y “eix social”. ¿Se pueden separar sin caer en las metodologías de tratamiento de masas que nos han llevado a todo esto?
        Yo creo que no. Si vamos a hablar de una nueva nación, yo quiero hacerlo considerando todos los ejes necesarios. ¿O vamos a echarnos al monte sin saber como?

          • Hombre, por poder, se puede, pero el resultado es bastante kafkiano. Si te fijas, es posible argumentar la asistencia sin ser independentista así como la no asistencia siéndolo. En fin, que ya no es el día de Cataluña, sino el de algunos catalanes.

    • L’hivern s’acosta
      Els catalans vivim en una casa on hi fa fred.
      Per escalfar-la tenim una llar de foc que sempre està encesa, cada dia els catalans anem a buscar llenya per alimentar-la. La llar de foc és insaciable, crema dia i nit, 24 hores al dia, 365 dies l’any.
      Però la casa no s’acaba d’escalfar, encara hi fa fred, sobretot a l’hivern. És per això que el nostre cap de família s’ha d’encarregar de moblar-la bé i vestir-nos adequadament perquè ningú es refredi.

      Els catalans som gent exigent i no ens agrada que ens enganyin, és per això que al nostre cap no en deixem passar ni una. No ens agrada que la roba que portem sigui de mala qualitat, que tingui forats, que les portes i les finestres no tanquin bé perquè l’escalfor s’escapa. Ens enfadem molt quan el nostre cap guarda per ell els millors guants de llana mentre els que van a buscar llenya se’n queden sense.

      La família catalana però s’acaba de donar compte d’un fet important: la casa on vivim té un defecte de construcció important. Al menjador, just davant de la llar de foc, hi ha un esvoranc a la pared per on marxa tota l’escalfor. Devíem estar cecs per no veure-ho de tant evident que és. L’hivern s’acosta i hem de tapar aquest forat com sigui, i per fer-ho cal que ens hi posem tots els membres de la família.

      Senyors d’ICV, lloable és la seva feina de control al cap de família, ja cal que el feu anar ben recte, enhorabona per denunciar totes les seves irregularitats i males decisions. Encertades són les vostres crítiques quan la roba que duem no és l’òptima, quan les portes i les finestres no tanquen bé, quan els uns van més ben abrigats que els altres…
      Però sis plau, facin el favor d’AJUDAR-NOS a tapar l’esvoranc de la pared del menjador o la millor roba del món no ens servirà de res. L’hivern s’acosta i aquest serà molt dur.

    • Xavier, discrepo totalmente con tu comentario. Qué quiere decir que la Via Catalana es excluyente? Desde el primer dia la Via ha sido por la Independencia (así se llama, Via Catalana per la Independencia), con lo que es totalmente incluyente con todos aquellos que queremos la independencia de Catalunya.

      Si no eres independentista, si tu lucha no es la libertad de Catalunya, es más que evidente que la Via Catalana no está hecha para ti.

      Pero no digas que la Via te ha excluído o no te quiere, porqué la Via Catalana quiere a todo el mundo, eso sí, por la independencia.

      • Si una iniciativa, en teoría transversal, hace apología de un cambio que se aplicará todos, lo quieran o no, debe considerarse excluyente desde cuaquier punto de vista.
        El hecho de que la considere usted incluyente porque va dirigida exclusivamente a los que piensan como usted lleva implicita la calidad de excluyente que se apuntaba en el comentario, ya que propone un todo para una parte de ese todo.
        El hecho además de que se proceda al censo activo de los participantes, con DNI y fotografía incuida, con posterior seguimiento por parte de los responsables de cada tramo, que permtirá, aunque lo nieguen, definir fehacientemente quién ha ido y quién no, corrobora la correcta percepción de que es una iniciativa totalmente excluyente.
        Lo lamentable, y a la vez perverso, es la calculada ambiguedad con que se transmiten los mensajes (no el suyo) respecto a la llamada Vía Catalana por la Independencia, ya que permite argumentos tan atróces como para que no independentistas acudan al acto bajo la falsa idea de que llevará al diálogo.
        Lo único claro es que el diálogo deberá producirse, y que esta iniciativa va encaminada exclusivamente a limitarlo.

        • Vicente, su argumento tiene trampa. En primer lugar por considerar la Vía como iniciativa transversal (supongo que con lo transversal se refiere dirigido a todo el mundo, piense como piense).

          Desde que se anunció la vía su nombre ha sido “via catalana POR LA INDEPENDENCIA”, con lo que sus objetivos creo quedan bien claros. Otra cosa es que alguien no quiera verlo así o que desee que fuera otra cosa. Pero no, es por la indepenencia. Así de simple.

          Excluyente? Bueno, segun su punto de vista, entonces todas las iniciativas que persiguen algun objetivo concreto son excluyentes. La manifestación por la Unidad de España es excluyente, el encuentro de Amigos del 600 es excluyente, la asociación de fotógrafos de Villa Abajo es excluyente, las manifestaciones a favor de la república son excluyentes… Pero pregunto, hay algo malo en todo ello? Uno va o no va a un o otro lugar según sus intereses, creencias, gustos y objetivos.

          Si al señor Boix no le atrae la idea de la independencia o bien está en contra, lo único que tiene que hacer es no ir, pero no quejarse de qué le han excluïdo por no ser independentista. Como supongo que no iría a una manifestación por la República si fuera monárquico (“mierda, yo quería ir, pero me excluyen por defender al Rey”). Notan lo absurdo de la queja?

          En cambio no veo que tilde de excluyente la cadena de Teresa Forcades #encerclemlacaixa, cuando, segun sus argumentos, tiene los mismos tintes excluyentes que cualquier otra iniciativa. O acaso no excluye la gente de derechas, los conservadores, los capitalistas, los que ya estan contentos con el sistema actual?

          Y finalmente, yo aun no he visto ningún mensaje ambiguo ni perverso sobre el objetivo de la manifestación por parte de la organización. Por activa y por pasiva se ha recalcado que era por la independencia. Otra cosa es que políticos como Duran i Lleida o Joan Herrera, por ejemplo, hayan intentado diluir el objetivo inicial de la Via para no quedarse al margen… eso sí ha sido perverso.

          • El calificativo de transversal va referido a que los efectos de la solución que se pretende serán de aplicación para todos los catalanes. Aclarado este punto, mi razonamiento no pretende trampa alguna, se llo garantizo, pero las conclusiones del casi seguro feliz acto serán que el poble ccatala ha expresat la seva voluntat de…, cuestión del todo errónea. Es algo que ya sucedió en la diada del año pasado, y tampoco eran todos independentistas. Sacando cuentas, si en la manifestacion de 2012 hubo 1,5 millones de personas, seguro que habra suficiente gente para llenar la cadena, pero el porcentaje de catalanes todavia es muy bajo como para imponer las tesis al resto.

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  7. Ismael,
    Perfectament d’acord amb els teus comentaris. I també em plantejo la relació amb Es com un matrimoni que fa aigües , una situació difícil però que es pot salvar amb diàleg i tolerància.
    M’agradaria que la cosa acabés en “Però continuem sent amics, oi?” i no “La maté porque era mía”.
    Salut!

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Sobre Mí

    Soy Ismael Peña-López.

    Soy profesor de los Estudios de Derecho y de Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya, e investigador en el Internet Interdisciplinary Institute y el eLearn Center de la misma. También dirijo el proyecto de Innovación Abierta de la Fundació Jaume Bofill.