La Segunda Transición (V). Cerrando el círculo de la desafección: la desafección retroalimentada

Esta es una entrada en seis partes sobre el, según muchos indicios, cambio de tendencia en el clima político que se da a partir del punto de inflexión que suponen las elecciones del 14 de marzo de 2004. En esta serie se tratarán, en este orden, la elección de la intención de voto como síntoma del cambio de etapa, la creciente desafección política, la crisis del bipartidismo, la existencia o ausencia de alternativas al bipartidismo, la forma cómo se retroalimenta la desafección y, por último, unas conclusiones a la luz de la creciente participación en la política extrarepresentativa.

Como último ejercicio queremos plasmar en una única gráfica la intención de voto para los tres grupos que hemos analizado en este análisis: el bipartidismo representado por el conjunto PP-PSOE, el agregado de las alternativas políticas a ese bipartidismo, y la desafección como suma de abstencionistas y voto en blanco. La mayoría de cuestiones han sido ya comentadas, pero la visión de conjunto todavía puede aportarnos algún punto de vista distinto.

En la primera gráfica presentamos, para la etapa 1996-2004, las dos comparaciones bipartidismo-alternativas y bipartidismo-abstención. Como hemos visto, en esa primera etapa hay una suerte de calma chicha, con pocas variaciones en la intención de voto en todo el espectro político, y muy especialmente en lo que se refiere a los dos partidos mayoritarios.

Las líneas de tendencia, aunque están dibujadas, solamente aportan aproximaciones muy groseras a la relación entre las variables, por mucho que vayan en el sentido que nos dicta la intuición.

Una vez más, la etapa que va de abril de 2004 a enero de 2013 se ve muy distinta a la anterior.

La gráfica anterior nos dice — o ya, a estas alturas, nos viene confirmar — al menos dos cuestiones muy importantes.

La primera el incremento en la variabilidad o en la fluctuación de la intención de voto en lo que se refiere al bipartidismo. Esta variabilidad, además, viene acompañada de una mayor fluctuación que la que observábamos en la etapa anterior tanto para los partidos minoritarios como para el conjunto de la abstención y el voto en blanco.

La segunda, y más interesante, es ver cómo, la pérdida de intención de voto a favor del bipartidismo va en paralelo a un incremento de intención de voto a partido alternativos o de voto en blanco y abstención. No obstante, la tasa de crecimiento de la abstención y voto en blanco es tres veces superior al voto que recogen los partidos minoritarios. Dicho de otro modo, por cada 4 votos que pierden PP y PSOE, solamente uno va a otro partido minoritario, mientas que 3 se “pierden” en la abstención o el voto en blanco.

Hay, cómo mínimo, dos preguntas que estos datos dejan en el aire y que sería esencial poder responderse.

La primera es por qué los partidos distintos al PP y el PSOE no son capaces de absorber la desafección que aparentemente han generado estos dos partidos mayoritarios, por qué el bipartidismo se rompe a favor de la desafección. Por supuesto, sabemos que la desafección se ceba también en aquellos partidos, pero lo que no sabemos es el porqué. Dado que han aparecido casos de corrupción solamente en alguno de ellos — pero ni generalmente de forma numerosa ni, por supuesto, en todos los partidos — podemos descartar este factor como, al menos, el más importante. Así la cosas, cabría ver hasta qué punto el programa y la organización interna de los partidos — de todos los partidos — no es el causante de la desafección, a la que hay que añadir otros factores en el caso del PP y el PSOE.

La segunda pregunta es dónde van todos los votantes que se abstienen. Sí, van a la abstención, o a la desafección, pero… ¿todos? ¿Todos los que antes estaban más o menos movilizados pasan a desmovilizarse? ¿Tanta resignación o desesperanza? Si es así, es realmente preocupante. Podría darse el caso, no obstante, de que esa desafección no sea tal, sino que sea unicamente desafección por las instituciones, pero no por la política. Habría que preguntarse si, al contrario de renunciar a la política, esa desafección ha ido en realidad a alimentar la participación en la política extrarepresentativa, a saber: asociaciones, plataformas, asambleas y todo tipo de movimientos sociales. Es una hipótesis de lo más interesante.

Leer las otras partes de La Segunda Transición:

  1. La intención de voto como síntoma de cambio.
  2. Desafección política.
  3. Crisis del bipartidismo.
  4. Alternativas al bipartidismo.
  5. Cerrando el círculo de la desafección: la desafección retroalimentada.
  6. ¿Hacia una política extrarepresentativa?

Entrada anterior: La Segunda Transición (IV). Alternativas al bipartidismo

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Sobre Mí

    Soy Ismael Peña-López.

    Soy profesor de los Estudios de Derecho y de Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya, e investigador en el Internet Interdisciplinary Institute y el eLearn Center de la misma. También dirijo el proyecto de Innovación Abierta de la Fundació Jaume Bofill.