La dificultad de corregir textos digitales

Se atribuye a Séneca la frase “Errare humanum est, perseverare diabolicum”, que traducida vendría a decir “equivocarse es humano, pero perseverar en el error es de tarugos rematados”.

Como errar es humano, los medios de comunicación — producidos por humanos, por muy sorprendente que esta afirmación pueda sonar en muchos casos — contienen errores. En la prensa escrita esto es más grave, porque los errores perduran mucho más allá que el eco de las palabras en el área Temporal del cerebro. Para no perseverar en el error, se inventaron las fes de erratas. Como toda fe, el papel de las fes de erratas es en parte testimonio en parte acto de contrición. Testimonio y contrición de las erratas cometidas durante una edición anterior del periódico, normalmente la inmediatamente anterior.

En el mundo digital escrito, ante un error, hay varias opciones.

La primera es, simplemente, cambiar el texto original para la corrección. Aunque el resultado final queda limpio y repulido, siempre queda un cierto regusto a engaño y alevosía: “si ahora dice B y antes decía A, ¿qué no harán con las noticias de años atrás? ¿qué no harán con las declaraciones de aquel político que antes era tan simpático y ahora un completo desgraciado (porque ha caído en desgracia, se entiende)?

Para solucionar esto, algunos medios escritos digitales — y muy especialmente los blogs — ha optado por tachar los errores y poner la corrección a continuación, es decir, literalmente tachar los errores como si de una hoja de papel se tratara.

Otra opción es la tradicional fe de erratas, con dos particularidades: la primera es que en los medios impresos se tenía que rescatar el diario del día anterior para ver el contexto de la errata, la segunda es que si uno iba a la hemeroteca y daba con la pieza con la errata pero no a la de la fe de erratas, se llevaba la errata a casa a pesar de haber sido testimoniada y contricionada a posteriori. Hoy en día, los medios digitales permiten por un lado enlazar a la noticia original (la de la errata) desde la fe de erratas y, por otra, incluir la misma fe al inicio o al final del escrito original: sigue manteniendo la integridad del original y queda más elegante que la tachadura.

Hay, sin embargo, una última opción, y es empeñarse como un tarugo rematado en el error y no corregirlo. O, lo que es peor, no corregirlo aunque los comentarios de los lectores a la noticia lo hagan notar. Lo que, probablemente, pone de manifiesto un segundo error: habilitar la posibilidad de que el lector comente una noticia y o bien no leerlos o bien pasárselos por el arco de triunfo.

Eso es lo que le está pasando en estos momentos en el diario ABC en su versión digital, aunque podríamos encontrar ejemplos en otras cabeceras hasta llenar un blog entero.

En su noticia Un muerto al impactar un rayo contra un avión en el Caribe, el redactor de ABC confunde (el efecto de) la “Jaula de Faraday” con una “Campana de Gauss” en un error que debería hacer sonrojar al más desvergonzado. Los lectores llevan cuatro días (contando el mismo de la publicación) advirtiéndolo con más o menos humor los comentarios [nota: eran cuatro días al escribir el artículo original: ahora van ya 15]. Ni caso. Quizás en algún momento se corregirá (tal vez no), quizás se tachará o puede que haya una fe de erratas. Siempre nos quedará la captura de pantalla en el artículo de J. Miguel Rodríguez, mi fuente, en Salvados ¿por la campana? (De Gauss).

Entrada originalmente publicada el 20 de Agosto de 2010, bajo el título La dificultat de corregir textos digitals en Reflexions sobre periodisme, comunicació i cultura (blog de ESCACC, Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Todos los artículos publicados en este blog pueden consultarse allí en catalán o aquí en castellano.

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Sobre Mí

    Soy Ismael Peña-López.

    Soy profesor de los Estudios de Derecho y de Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya, e investigador en el Internet Interdisciplinary Institute y el eLearn Center de la misma. Durante 2014 también soy el Director del proyecto de Innovación Abierta de la Fundació Jaume Bofill.