20100517

Democracia como participación, democracia como maximización de votos

Ayer tuvo lugar un proceso participativo para la reforma de la Avenida Diagonal de Barcelona. La consulta partía del punto que una de las principales arterias viales de la ciudad debía reformarse para mejorar la movilidad dentro de la misma. Se ofrecían tres opciones: dos de cambio y una tercera que significaba dejar las cosas como están. Ganó esta última con un 80% de los votos de una exigua participación del 12% del censo.

En el momento de conocerse los resultados, el alcalde Jordi Hereu afirmó que se había puesto de manifiesto el distanciamiento del consistorio con la ciudadanía, y aunque con otras palabras, calificó el proceso participativo de fracaso total. Sí con estas palabras lo tildaron propios y extraños, pidiéndose dimisiones — tan devaluadas como las huelgas de hambre… — a diestro y siniestro.

Lo que fue mal

Dos grandes aspectos fueron mal — o fatal — en la consulta.

El primero fue de carácter técnico: durante todo el proceso fueron apareciendo irregularidades que, a mi modo de ver, deberían haber invalidado el mismo de forma fulminante. Desde la probada suplantación de identidad en el voto hasta la presentación nada equitativa de las distintas opciones a ser votadas, donde la visibilidad de la opción C (no cambiar nada) palidecía a la sobra de las otras dos.

El segundo aspecto fue, a tenor de las críticas, el partidismo del gobierno por una de las dos opciones y, en cualquier caso, contra lo que muchos han tildado de inmobilismo. El último ejemplo apuntado en el anterior párrafo es uno de tantos otros donde el gobierno no solamente ha sido parcial, sino tendencioso.

Lo que fue bien

En mi opinión, y ligando con mi última afirmación, no creo que un gobierno deba mantenerse neutral. Aunque seguramente es más higiénico que lo haga su grupo político, también considero transparente que el Alcalde y su equipo se pronuncien sobre su opción preferida. Entre otras cosas porque son quienes tienen más y mejor información sobre el asunto.

Por supuesto, que uno se pronuncie no debe ir en detrimento de la publicidad de las otras opciones y, ni mucho menos, confundir informar a los ciudadanos con hincharlos a propaganda para loor y gloria del alcalde — que es lo que muchos, oposición y ciudadanía han achacado a este proceso.

Dicho esto, lo que fue bien, en mi modesta opinión, fue que se diera el hecho en sí, que hubiera una consulta, que esta tuviese lugar con independencia del resultado final.

Y es ahí donde discrepo con la mayoría de afirmaciones que he oído entre ayer y hoy.

¿Democracia?

La democracia no es convencer ni ganar, sino participar. Y no solamente en la votación, sino en el debate previo.

Identificar una consulta cualquiera — con las excepciones naturales de unas elecciones o una moción de confianza/censura — con un plebiscito sobre el gobierno es un signo de lo enfermas que están nuestras democracias. Es insultar al ciudadano que se ha tomado su tiempo en informarse, en debatir, en contrastar. Por no hablar del tiempo que se ha tomado en votar.

Me parece inaudito que el alcalde crea que su gobierno está lejos de la ciudadanía y no ha sabido escucharla, precisamente cuando ha tenido el valor y energías para consultarle su opinión. Solamente se entienden estas afirmaciones si al alcalde le importaba un rábano la opinión de sus conciudadanos y lo que buscaba era un baño de multitudes que confirmara su visión de estadista.

La misma opinión me merece la oposición, por idénticos motivos y por pensar que una consulta es algo tan extraordinario como unas elecciones, o por pensar que las consultas se ganan o se pierden porque los votantes son rebaños amansados que deben responder a sus consignas abyectas.

De las mil teorías que intentan describir la democracia y la acción política que en ella se circunscribe, me quedo con dos:

  • La primera dice que los gobernantes son personas elegidas entre sus pares, personas que abandonan sus propias convicciones para erigirse en gestores del interés común, así como sabios capaces de ver un poco más allá — ese más allá es el que difiere según ideologías, claro — y guiar a la comunidad hacia metas que hagan incrementar el bienestar de todos.
  • La segunda afirma que gobernantes, políticos y partidos son maximizadores de votos. Ni ideas, ni metas, ni gestión, ni niño muerto. Se comportan como un comercial cuyo objetivo es maximizar ventas, pero en lugar de p.ej. coches, venden votos: montan su campaña comercial, atacan a la competencia, invierten todo el dinero en el envoltorio, se aseguran que su producto esté en todos los medios y en los mejores lugares del supermercado (político).

Y mientras algunos votaron por una u otra Diagonal en Barcelona, confiados que les pedían su opinión, su implicación en la construcción de su ciudad, lo que otros tenían en mente era un estudio de mercado.

Algunos se estarán riendo entre dientes tildándome de ingenuo: mientras, nosotros cabalgamos.

20100516

Televisión a la carta … o de menú

La televisión pública es, o debería ser, un bien de interés general.

Los bienes de interés general responden a dos grandes necesidades:

  • Proveer de forma colectiva a los individuos de aquellos bienes que, a pesar de necesitarlos, no se pueden permitir aunque haya un gran consenso sobre su bondad y conveniencia. Por ejemplo, la educación.
  • Proveer de forma colectiva bienes que en público se reconoce que son necesarios, pero que en privado nunca uno se gastaría un duro en ellos. Por ejemplo, la creación de un cuerpo de defensa cuando ningún enemigo nos ataca o la construcción de un hospital cuando nos encontramos muy bien.

La cultura forma parte de estos bienes de interés general: todo el mundo quiere bibliotecas, y auditorios, y bardos y juglares, y todavía más bibliotecas, pero puestos a elegir dónde gastar el sueldo, preferimos ir al estadio (de fútbol) y dejar la cultura para el día del libro. Así las cosas, el Estado se apropia de la televisión como una plataforma inigualable de transmisión cultural, el continente se confunde con el contenido y aparece la televisión pública como bien de interés general.

El contenido (de interés público y pagado con los impuestos de todos, que de eso versan los contratos sociales) es difundido de forma gratuita por las ondas hertzianas. Si alguien lo quiere bajo demanda, debe pagar. ¿Por qué? En una era anterior a la digital, el almacenamiento tiene un coste, la localización del original requiere un tiempo (y el dinero de quien lo consume), la copia tiene un coste, y el envío tiene también un coste. Como el uso individual sobrepasa el ámbito del interés público, toca sacar la cartera.

De un tiempo a esta parte, muchas televisiones se han apuntado a la moda de colgar los contenidos en Internet. Con la digitalización de los contenidos, y si la maquinaria de gestión interna está bien diseñada, el coste de hacerlo es ínfimo (es cierto que no es nulo pero, insisto, un buen diseño lo hace irrisorio en comparación con otros descalabros presupuestarios ). El almacenamiento para el depósito o para ponerlo a disposición del público es prácticamente el mismo, el coste de localizar los “originales” es nulo si la catalogación está bien hecha, el coste de la presentación puede incluirse en el mismo proceso de catalogación y almacenamiento, y la distribución, si bien no tiene un coste nulo ni despreciable, es, de nuevo, pequeño en comparación con otras partidas.

Para mi sorpresa, sin embargo, muchos de estos programas que se ponen a disposición del público en formato digital — 3alacarta o TVE a la carta, por poner sólo dos ejemplos — no permiten ser descargados al ordenador, ya sea para su conservación, para verlos más tarde y sin conexión, para pasárselos a un familiar o amigo sin nuestra infraestructura, etc. En Televisión Española he sido incapaz de encontrar la forma (la forma fácil: formas siempre hay), y en 3alacarta sólo algunos (no todos los) programas tienen la opción de hacerlo a través del podcast, una opción tan escondida como arcana para una buena parte de la población.

¿Por qué este “sí pero no”?

La única razón que encuentro es la que nos cuenta “Tita Cervera” parodiada por Muchachada Nui, verdaderos pioneros de la televisión española por Internet que, mucho antes de tener la web oficial que ahora tienen, se dedicaban a subir sus vídeos en YouTube:

Si no podéis ver el vídeo por favor visitad <a href="http://ictlogy.net/sociedadred/?p=148">http://ictlogy.net/sociedadred/?p=148</a>

Es decir, eso del YouTube está muy bien, pero mira la tele que la audiencia es la audiencia. Que los vídeos de las televisiones a la carta obedecen, a mi humilde entender, al mismo criterio: id a la página que lo que cuenta son las métricas, las visitas al sitio web (oficial), y el número de veces y el total de minutos que habéis empotrado vuestros ojos en la web, en nuestra web, en la oficial.

En mi opinión, hemos subvertido los términos. Lo que era un bien de interés general no era la televisión, sino los contenidos que producía y emitía. Que esto haya ido unido lo uno a lo otro durante 80 años no debería cambiar la naturaleza de las cosas. Repetimos: lo que es un bien de interés general es la cultura, no el soporte con que la distribuimos.

Los programas de producción propia ya están pagados, y con los impuestos de los contribuyentes (o con los anuncios, aunque a final de cuentas, vamos a parar allí mismo): el resultado es o debería ser de los ciudadanos, y debería perseguir , por ondas hertzianas o por ADSL, el objetivo de desembrutecerlos y sacarlos de la inmundicia cultural a que son sometidos de forma constante. Y eso quiere decir que, una vez hecho el producto (cultural), cuanto más se extienda, mejor.

Señores de las televisiones públicas, si les place, hagannos fácil descargarnos los programas para desburrificar, que vienen elecciones y, a pesar del desconsuelo y la desesperanza, intentaremos votar y votar informados.

Entrada originalmente publicada el 11 de Mayo de 2010, bajo el título Televisió a la carta… o de menú en Reflexions sobre periodisme, comunicació i cultura (blog de ESCACC, Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Todos los artículos publicados en este blog pueden consultarse allí en catalán o aquí en castellano.
20100501

Escoria democrática en la era de Twitter

En metalurgia, la escoria son las impurezas del metal que, una vez fundido y refundido, quedan aparte del lingote limpio y reluciente, listas para ser tiradas a la basura — o para ser destinadas a usos menores o marginales al proceso que importa.

Cualquier democracia tiene también tiene sus escorias. Hay quien participa de la política para gestionar y mejorar la vida de la polis y que tiene usos menores o marginales dentro del proceso, impurezas que hay que eliminar.

El problema es que a menudo se hace difícil distinguir unos de otros (especialmente cuando la subversión de las proporciones hace repensar los conceptos de menor o marginal). En un mundo donde la información es escasa y dosificada a conveniencia, requiere a menudo un esfuerzo titánico separar el grano de la paja. Siguiendo con los símiles de Física y Química de bachillerato, nos intentan convencer de que todos son carbono, mientras la realidad es que la composición interna de los unos los convierte en diamantes para la sociedad, y la composición interna de los demás les hace ser carbón del que traen los Reyes Magos (a los votantes).

Estos son tiempos, sin embargo, de abundancia de información, de luz, de comunicación. Estos son tiempos, sin embargo, que nos permiten:

  1. Ver, aunque fuese en papel y no estuviésemos allí para recogerlo con repugnancia, después relativice hasta la náusea , que efectivamente la Sra. Sánchez-Camacho participaba alegremente de la fiesta xenófoba.
  2. Constatar que, por suerte, no todo el mundo piensa así, que existe por ejemplo la plataforma Badalona Som Totes i Tots [Badalona Somos Todas y Todos] que trabaja para la integración (y no la desintegración) de la ciudadanía.
  3. Ser notificados que la plataforma Badalona Som Totes i Tots participa en pleno municipal de Badalona el día 27 de abril de 2010.
  4. Darnos cuenta, por fin, de lo que diferencia metal precioso de escoria, de lo que diferencia el diamante del carbón (que los Reyes Magos traen a los votantes).

Cuando toda una sociedad se convierte en luz y taquígrafos, incluso dentro de un pleno municipal, ya no vale nadar y guardar la ropa.

Hace unos días un amigo me comentaba que estaba flirteando con un partido político cuya ideología repugna a su padre. Yo pensaba que era vox populi e hice un comentario ante ambos. Momentos después mi amigo me reprendía por levantar la liebre ante su padre.

Siempre matamos al mensajero: es más fácil que responsabilizarse de las propias acciones. Pero sinceramente espero que pronto habrá tantos mensajeros a matar que no se dará abasto, y aunque sea a regañadientes, se tendrá que acabar dando la cara.

Entrada originalmente publicada el 28 de Abril de 2010, bajo el título Escòria democràtica a l’era del Twitter en Reflexions sobre periodisme, comunicació i cultura (blog de ESCACC, Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Todos los artículos publicados en este blog pueden consultarse allí en catalán o aquí en castellano.

About Me

    Soy Ismael Peña-López.

    Soy profesor de los Estudios de Derecho y de Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya, e investigador en el Internet Interdisciplinary Institute y el eLearn Center de la misma.