20100413

Normalizar la e-situación

Hace unos años, en el mundo anglosajón y entre aquellos usuarios más intensivos de tecnología, se puso de moda utilizar la expresión snail mail — correo caracol — para referirse al correo que no era electrónico, es decir, el de toda la vida. Aquí, que no somos tan ocurrentes y sí más tradicionales, repasamos las crónicas para recuperar el adjetivo perdido: postal. En mi casa, correo es lo que escribo sentado ante un aparato electrónico. El otro, el que requiere bolígrafo, papel, sobre y sello, ese es el correo postal. El correo electrónico se ha normalizado perdiendo el adjetivo, atributo que ha recuperado el correo postal, que es el que merece énfasis y explicación.

Escribe Oriol Lladó en Vilaweb que él antes tomaba notas. No es el primero que habla en términos de (la aparente) oposición, de la disyuntiva, de tomar notas con utilizar un servicio en línea para, por ejemplo, seguir una conferencia y fijar algunas reflexiones. En Julio pasado, en una sonada (87 comentarios a día de hoy) diatriba en su blog, danah boyd (sic), investigadora de Microsoft Research New England, reclamaba su derecho a tener una vida cyborg , es decir, a usar su portátil donde fuera como otros usaban sus blocs de notas de papel.

Prácticas como tomar notas directamente a un blog, quedarse con una idea garabateando cuatro palabras mediante Twitter, utilizar este mismo medio o Delicious para retener (y, de paso, compartir) un puñado de enlaces, o utilizar una wiki para esbozar una idea o dibujar una lista de conceptos no son novedad. Es decir, lo que no es novedad es tomar notas, quedarse con una idea, retener unas referencias o esbozar ideas. Y el método debería ser lo de menos.

Cuando fijamos nuestros ojos en el cómo y no en lo que, es probable que nos parezca revelador lo que, en el fondo, es rutina. Es como los magos: nos distraen con las manos para que no nos demos cuenta de que todo es ingeniería y espejos (ingeniería de la buena, todo sea dicho).

Que no se me malinterprete. A menudo lo revolucionario no es hacer cosas nuevas, sino hacer las habituales de forma diferente: las primeras máquinas de vapor se utilizaron para hacer las mismas telas que antes hacíamos a mano, o para llevar la gente arriba y abajo como antes hacían los caballos.

Pero es, precisamente, para poder ser cronistas de una revolución, que debemos distinguir lo que es singular de lo que es mera transposición de rutinas.

Si Twitter, en sí mismo, es anodino, que es, pues, lo que es extraordinario?

Entrada originalmente publicada el 6 de Abril de 2010, bajo el título Normalitzar l’e-situació en Reflexions sobre periodisme, comunicació i cultura (blog de ESCACC, Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Todos los artículos publicados en este blog pueden consultarse allí en catalán o aquí en castellano.
20100407

Mi opinión sobre el #manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en internet

No me gusta la Disposición Final Segunda de la Ley de Economía Sostenible cuyo proyecto acaba de aprobarse. Por muchos motivos, entre los cuales:

  • Creo que atenta contra algunos derechos fundamentales mientras socava el poder legislativo;
  • creo que no es un buen ejercicio de transparencia democrática por la forma cómo se ha llevado y, ante todo, por el resultado final, añadiendo una cláusula que en mi opinión está descontextualizada del resto de la Ley;
  • creo que separa la economía digital de la economía “real”, lo que es una aproximación que no comparto en absoluto — los problemas son de ciudadanos y empresas, no de e-ciudadanos o ciberempresas;
  • creo que hace falta reformar el marco que regula el sector de la producción y difusión de contenidos y servicios culturales (y no, no creo que esta sea una ley sectorial), mientras que lo que se hace en esta Ley es algo totalmente coyuntural y ad hoc.

Dicho esto, ¿por qué no suscribir el Manifiesto En defensa de los derechos fundamentales en internet? Con mis más sinceros respetos para con sus impulsores, y siempre desde mi personal punto de vista, por motivos parecidos a los que me provocan el rechazo a la Ley Sinde. A saber:

  • Estoy de acuerdo con los puntos 1, 2 y 3. Algunos puntos se han matizado desde la primera propuesta de la Disposición Segunda, pero en el fondo, la reflexiones de esos puntos persisten.
  • No tengo claro el punto 4, me faltan datos.
  • Pero sí tengo claro que los puntos 5 y 6 dejan de defender los derechos fundamentales de los ciudadanos para acometer contra los derechos de otros ciudadanos (p.ej. el de invertir o tirar el dinero como a uno le venga en gana). Creo que los puntos 5 y 6 no respetan la opinión de un sector industrial. Una opinión diametralmente opuesta a la mía, pero tan legítima o tan equivocada como pueda estar la mía. Y aquí, los promotores del manifiesto me han perdido.
  • El punto 7 vuelve a mezclar una demanda legítima (no interferencia gubernamental) con lo que yo considero una injerencia en asuntos ajenos.
  • Del punto 8 empezaré diciendo que yo creo que las cosas hay que pedirlas, no exigirlas, incluso en una cuestión como la neutralidad de la red en la que estoy de acuerdo. Ahora bien, creo que, una vez más, aprovechamos que el manifiesto pasaba por aquí para sacar toda la agenda, y no estoy seguro que la neutralidad de la red estuviera del todo relacionada con la Ley Sinde. ¿Es necesario sacar a relucir el tema? Sí. ¿Es pertinente hacerlo en este contexto? Creo que no. Creo que no es pertinente porque hace como la Ley Sinde y hace parecer la libertad de expresión como un derecho que solamente concierne a los cuatro “friquis” que trabajamos 50h a la semana conectados a un ordenador y a Internet.
  • Estoy de acuerdo con el punto 9 (o no: ver el comentario 3 i el comentario 4 al respecto).
  • Y no tengo claro el punto 10. Es decir, comparto el fondo y que no debería esta ser la forma de tocar los derechos fundamentales. Ahora bien, la Ley está siguiendo su proceso, ni mejor ni peor que otras leyes. Proceso manifiestamente mejorable, de acuerdo, pero no creo que haya habido menos “debate público” que en otras cuestiones.

En definitiva, tanto gobierno como impulsores del manifiesto convierten — o hacen parecer — un debate sobre derechos humanos fundamentales en si es legítimo bajarse más o menos música y películas por Internet. Lo siento, pero esa es la impresión. Mi impresión, por supuesto.

Así, no es de extrañar que las potestas (sic) contra la Ley Sinde en Twitter no tienen el apoyo esperado. Claro, digo yo, porque no se trataba de Twitter o de Internet, sino de los derechos fundamentales. No de los derechos fundamentales en Internet, sino de los derechos fundamentales, punto.

Afirma César Calderón en El #manifiesto de Brian que había un movimiento plural y mayoritario y que no existe en nuestro país un movimiento internauta suficientemente maduro. Bien, creo que el movimiento no era ni plural ni mayoritario: no lo era dentro de los usuarios habituales de Internet — muchos menos de los que creemos — y, por descontado, no lo era “fuera” de Internet, precisamente porque se vendió como oposición digital-analógico. Y sobre el “movimiento internauta” ya he dado mi opinión con anterioridad. Creo que nos equivocamos pensando que todo el mundo está conectado a Internet todo el rato como nosotros y que pasa ese rato haciendo las mismas cosas que nosotros.

No quiero acabar esta diatriba sin romper no una sino todas las lanzas que hagan falta en favor de quienes redactaron el manifiesto y quienes perdieron su tiempo y esfuerzo en reunirse con partidos y gobiernos. No solamente tienen mi admiración, sino mi agradecimiento, aún a pesar de no compartir algunas de sus tesis.

De la misma forma que jamás me he sentido representado por estas personas, jamás he creído tampoco que estas quisieran representarme. Al contrario, siempre he pensado que tuvieron el coraje de dar a conocer su opinión en público y la suerte de ser escuchados en privado. Tener una opinión y poder contarla a tus representantes electos — o aspirantes a serlo — es un lujo que, más que denostar (lo que he llegado a leer sobre el tema…), habría que envidiar y desear para uno mismo.

About Me

    Soy Ismael Peña-López.

    Soy profesor de los Estudios de Derecho y de Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya, e investigador en el Internet Interdisciplinary Institute y el eLearn Center de la misma.