20100119
Por Ismael Peña-López
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Forrester acaba actualizar su informe Social Technographics, que contiene datos para 13 países, entre ellos España.
En él catalogan a los consumidores — y a las empresas — según su nivel de participación en la Red, de creadores (crean su propia web, publican un blog, suben audio y video a Internet hecho por ellos mismos, etc.) hasta los inactivos (no hacen nada de nada en Internet).
Los nombres y definiciones de los perfiles son todo lo discutibles que uno quiera, especialmente porque la metodología no se publica (lógico, ahí está su modelo de negocio), pero, con todo, sí aparecen algunas cuestiones a remarcar.
En el siguiente gráfico se presentan los datos para los consumidores. Seleccionando España como país, vemos la gran proporción de Espectadores e Inactivos que hay (nota: uno puede pertenecer a más de una categoría, lo que, en mi opinión, facilita las lecturas equívocas y dificulta sacar conclusiones sobre las personas, que interesan, creo yo, más que el “número” de acciones que estas hacen).
Lo primero que se confirma es la brecha de género: bastantes más mujeres inactivas que hombres, que parecen restar (aunque con las imprecisiones que antes menciona sobre poder pertenecer a más de un perfil) del resto de categorías, incluso de las “Espectadoras”. Es decir, menos mujeres se conectan a Internet, ni que sea para navegar en general.
Otra cosa que se confirma, pero en sentido contrario, es que las franjas de 18 a 24 años y de 25 a 34 años son más activas que la media (la primera franja más que la segunda), con lo que tenemos ahí presente la brecha de edad.
La sorpresa, para mí, viene al constatar que la franja más inactiva de todas no es la de mayor edad, sino la de 45 a 54 años. Sí, la franja de 55 y mayores es un poco más activa que la anterior. Es más, me atrevería a apostar que si pudiésemos desglosarla, la franja de 55 a 64 años sería mucho peor que la de 45-54 y que la de 65 y mayores todavía sacaría mejores resultados que la que ahora tenemos de mayores de 55.
¿La razón?
- Tiempo para formarse: los jubilados tienen, por norma general, más tiempo para formarse que aquellos que están empleados
- Accesibilidad de la formación: hay una creciente oferta formativa sobre competencias digitales destinada para jubilados y que, además, viene subvencionada, por lo que es barata e incluso gratuita
- Tiempo para conectarse y participar, ser creativos
- Motivos para estar al día y ser creativos: los jubilados destinan gran parte de su tiempo al ocio, ocio que registran (fotos, videos) y que quieren compartir (escribiendo sobre un viaje o receta de cocina, subiendo fotos y vídeos a cualquier sitio de Internet). Por otra parte, muchos jubilados son abuelos que tienen que ocuparse de sus nietos, nietos que utilizan intensivamente Internet y a los que hay que ayudar y, también, controlar en su deambular por Internet
Lo preocupante de todo esto es que los profesionales en activo…
- ni encuentren tiempo,
- ni encuentren dinero (es decir, crean necesario invertir para recuperar a corto o medio plazo),
- ni crean necesario
formarse en Internet y participar de la Red.
Y eso es un problema importante y que pide ser atajado urgentemente.
20100118
Por Ismael Peña-López
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Tarde o temprano tenía que ocurrir: entrada (a) de autobombo y (b) “crossposteada” del otro blog, aunque no del todo y con motivo. Creo.
La Revista de Universidad y Sociedad del Conocimiento de la UOC acaba de publicar un monográfico titulado Contextualizando la brecha digital en la Educación Superior y que he tenido la suerte de poder coordinar.
El monográfico se compone de cuatro artículos, dos de los cuales — uno de Jonatan Castaño-Muñoz, La desigualdad digital entre los alumnos universitarios de los países desarrollados y su relación con el rendimiento académico, y uno mío, De los portátiles a las competencias: Superación de la brecha digital en la educación — toman sus datos de Catalunya, España y Europa.
Simplificando mucho, y centrándonos en el caso español, hay bastantes datos (de hecho, muchísimos) que muestran que la brecha digital en las aulas españolas no se debe (en su mayoría, aunque hay excepciones, por supuesto) a una falta de infraestructuras (ordenadores, conectividad) sino a una (1) falta de competencias digitales y a (2) una deficiente adaptación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación a la enseñanza y el aprendizaje.
Así — y esto es ya una opinión personal, aunque en mi artículo lo fundamento con datos —, proyectos como Escuela 2.0 (para cuándo más información sobre el proyecto en esta web…) no parecen atacar las necesidades reales en materia de Sociedad de la Información y Educación.
Más información
Monográfico: Contextualizando la brecha digital en la Educación Superior.
20100116
Por Ismael Peña-López
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La política es esencialmente mediática y, por tanto, adopta el lenguaje mediático caracterizado por la lógica del entretenimiento y el escándalo para ganar audiencia. Así se simplifican los mensajes políticos, se personaliza la política y se generaliza la política negativa basada en el denigramiento del adversario. Todo ello conduce a un desprestigio de la clase política y socava la confianza de los ciudadanos en sus representantes. Pero no son los medios los que activan los escándalos, son los propios políticos, utilizando los medios para sus fines, en connivencia con los intereses de los medios para ganar audiencia.
Así se despacha Manuel Castells con la clase política en la entrevista que le hace Anna Sánchez-Juárez en la UOC y a la que llego a través de Javier Velilla.
La entrevista trata sobre lo que Castells explica en su nuevo libro, Communication Power (Comunicación y Poder en Ariel). Podéis haceros una idea del libro leyendo el comentario que hace del libro Christian Fuchs en Some Reflections on Manuel Castells’ Book “Communication Power”, la reseña del seminario Manuel Castells: Politics and Internet in Obama era, o un artículo del propio Castells: Communication, Power and Counter-power in the Network Society.
Me quedo con la frase de Fuchs, con traducción bastante libre: Nuestra principal tarea en el ámbito de la poítica sería, ahora, la de desarrollar un contra-poder contra la mercantilización de todo
, especialmente la política.
En eso estamos, en la mercantilización de la política. Como cualquier otra empresa, los partidos publicitan sus productos (candidatos) para mantener su cuota (asientos) de mercado (en el gobierno). Como el candidato es lo que se vende, las ideas y proyectos han pasado a segundo plano, desapareciendo del debate y, a la larga, de las agendas de los partidos. ¿La prueba del nueve?
- Un partido no dice qué va a hacer, o cuáles son sus ideas, sino qué no va a hacer o cuáles no son sus ideas. Recurso útil en algunos casos, pero la definición por negación acaba siendo poco constructiva, especialmente cuando desaparece lo que uno negaba: se acabó la crisis, ¿qué propones ahora para que se sostenga la economía a largo plazo?
- Un partido se define en oposición a otros partidos, nunca en términos absolutos (parecida a la anterior, pero no exactamente igual: ahora que el gobierno está en la oposición… ¿qué?).
- La dialéctica del
y tú más
que (a) no propone nada para el futuro (b) porque acaba remontándose a tiempos inmemoriales (y tú más en 1890…
)
- La incesante petición de dimisiones, algunas veces justificada, otras muchas no
- El cerrar filas en defensa de sus candidatos y miembros del partido ante cualquier imputación judicial, amparándose en la presunción de inocencia (legítimo) pero jamás condenando hechos o conductas en general.
No hemos sabido transmitir nuestro mensaje al electorado
. Sí, lo habéis hecho, y muy bien. El problema es que el contenido del mensaje transmitís es una porquería.
Vamos a ganar / Vamos a ganar a
. Muy bien. Y yo, ¿qué gano? ¿Esto iba de ganar o de aportar algo para construir?
En definitiva, publicidad y mercadotecnia, saturación del ágora de debate pero no para debatir, sino para entretener (peor que mejor).
Pero la web 2.0 dará luz a una nueva era de Política 2.0 donde la ciudadanía participará y hará oir su voz
. Puede. O puede que no. Por una parte, González Bailón ya nos advierte que Internet no es muy distinta, en términos de concentración y control, de los medios de comunicación tradicionales. Por otra parte, si “inventamos” la democracia representativa es por los costes de ejercer nuestros derechos democráticos (informarse, debatir, crearse una opinión, etc.) en todos y cada uno de los temas que nos conciernen. La democracia directa es una interesante propuesta, pero ¿quién tiene el tiempo y los recursos para intervenir, directamente, en todas las cuestiones públicas? De momento, los partidos.
20100114
Por Ismael Peña-López
Categorías: SociedadRed
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Más de seis años después de iniciar ICTlogy, mi blog de investigación sobre Sociedad de la Información, Brecha Digital y TIC y desarrollo, me decido a abrir un nuevo blog sobre… más o menos el mismo tema, pero distinto tono.
Si aquel es un blog académico, profesional, científico, este quiere se un blog personal, de opinión, aunque no por ello sin fundamentar en sus opiniones.
¿Por qué otro blog?
- Porque la Revolución Digital ya ha llegado y está aquí para quedarse. Si la Revolución Industrial cambió el mapa del s.XVIII y dio lugar a los mayores avances, progresos, desigualdades e inquinas de los últimos 250 años, hay razones para pensar que la Revolución Digital — 3ª fase de la Revolución Industrial o 3ª gran revolución de la Humanidad junto a la del Neolítico y la Industrial — está cambiando y cambiará el mapa del s.XXI.
- Porque uno de los mayores cambios se dará en las instituciones. Nuestras instituciones — gobiernos y partidos, escuelas y universidades, empresas, etc. — se formaron para gestionar la escasez y minimizar costes. En una economía digital, escasez y costes tienden a cero en aquellos ámbitos donde la información y el conocimiento son factores de producción, capital y producto. Si la sociedad se estructura alrededor de las instituciones y estas cambian, la sociedad cambiará. Debemos repensar los derechos y deberes de la nueva ciudadanía, las nuevas formas de interactuar de individuos e instituciones, nuevas formas de producir y consumir, y ante todo, las nuevas competencias para desenvolverse en esta nueva sociedad.
- Porque echo en falta un debate de mayor calado sobre el impacto de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en la sociedad. No creo que existan ni “los internautas”, ni “los usuarios de Internet”, ni “la blogosfera”, ni “la red”; al menos no como un grupo social y mucho menos como una opción de vida o de identidad. Sí existen ciudadanos que viven ya en una incipiente Sociedad de la Información y una Sociedad Red, y en la que participan en mayor o menor medida como participan de la Sociedad Industrial: utilizando o no teniendo acceso a sus herramientas y recursos, y dominando o siendo dominados por las respectivas estructuras de poder. La identidad, el progreso humano, los derechos fundamentales y los no tan fundamentales, etc. son armas de doble filo que deben cogerse por la empuñadura, no por la hoja.
- Porque es mi obligación — además de un placer — revertir en la sociedad la inversión que esta ha hecho en mí. Mi trabajo, como académico, es crear, transmitir y difundir conocimiento. Si mi blog profesional — y, por extensión, todo mi portal personal de investigación — ha recogido hasta ahora más mi vertiente de investigación y formación, este pretende ser un altavoz para la difusión y la reflexión. Y, dirigido sobre todo, a quien de forma directa o indirecta paga en estos momentos mi sueldo, y muy especialmente a aquellos que cobran y se deben a estos mismos paganos.
Tal día como hoy, y tras acordarse en la sesión del 13 de diciembre de 1811, las Cortes de Cádiz aprobaban el Decreto CXXVIII de 14 de enero de 1812 por el que se abolía la pena de horca. En el redactado de dicho Decreto se puede leer que uno de sus motivos es “que el suplicio de los delincuentes no ofrezca un espectáculo demasiado repugnante a la humanidad”, lo que en aquellos tiempos significaba que el garrote vil tomaba el relevo a la horca (algo es algo, supongo).
Con el mismo espíritu de aquella primera Constitución Española, intentaré que este sea un espacio de debate, de participación democrática, de reflexión y crítica… y con algún que otro ajusticiamiento, claro, pero siempre sin repugnar a la humanidad.